1 may 2026

Donde los ojos de la diosa no llegan

Continuacion de Las manos del segador II

Decian los rollos del inicio del continente, Valerya hija de Cassia murio a manos de Shille el dragon negro. De la rabia como lava ardiendo y rayos de las tormentas vestales, su amado esposo Eusehin forjó una espada que templo con sus lágrimas. Que corrían como el río Orthat. La ira de Cassia guió a su yerno ya que el dragón se escondía usando a la pacifica tortuga Belen y la violeta dama Clarissa. La madre imperial usaba esa leyenda como ejemplo cuando los nobles pedian clemencia ante los edictos de justicia.

Esa ciudad polvorienta y llena de traidores de que valia ser la sacerdotisa personal de la madre imperial si debía soportar incomodidades. La novicia Beatrize de Lurmina mantenía su rostro apacible. Sus ojos registraba cada movimiento a su alrededor como un ladrón busca sus víctimas en una muchedumbre. Podía oír las quejas, confesiones e insultos de esa corte decadente y caprichosa. Contaba los días para volver a la capital pero la madre imperial insistió en quedarse hasta la noche de luna de miel de su primogénito. Las flores del palacio se volverían demasiado independientes si su jardinera se encontraba lejos tanto tiempo. Beatrize optó mantenerse en silencio mientras veía el hartazgo de su empleadora acumularse. Pensó en la austera dama de compañía de la emperatriz y las comandas del consejo de hierro. Todo se desarrollaba de manera lenta si pretendían sofocar los ataques de la armada de Mantor.

Nunca pensó en su invierno debia esforzase por algo. Como su predecesora le había profetizado, a quienes están en el centro del todo difícilmente les interesa lo que allí ocurre. El verdadero poder del imperio había muerto junto con la rosa dorada y esto era los remanentes de su caída. Las sacerdotisas de Cassia se divideron en dos, quienes abogaban por la dinastía manteniéndola en apariencia y quienes forjaban un reemplazo. Un secreto que se mantiene incluso para las órdenes aledañas a la de Cassia. La última carta de la Mather Prima habia sido categórica: deben empezar a preparar a los reemplazos. La Luz del poder tenía los ciclos contados y la guerra es la excusa perfecta. El medio para empezar de cero con un nuevo emperador. La madre imperial le ordenó que le consiguiera una botella de vino y que marcharian a sus habitaciones para continuar con las comandas imperiales. Beatrize se inclinó sospechando si su empleadora podía intuir los pensamientos. Desecho ese pensamiento delirante.

Sentía una ligera alegría ver a la nuera a punto de llorar por las palabras de la madre imperial. El primer príncipe, el favorito de Ophelia. Zulficar es la copia exacta de su padre. Elis. Sin embargo, era la Rosa dorada vuelta a nacer. Según las palabras de quienes habían vivido esos reinados. Beatrice recordaba la arena de pelea donde la joven de 15 años venció a sus hermanos con solo una lanza y sus poderes debilitados por el veneno. 

Silas sonreia con sorna. No era secreto que despreciaba a sus hijos varones, aunque para el Elis era su única hija. En parte porque fue la única que habia heredado su dominio. Ophelia veia a su hija como el medio para la corona y la entreno como tal. El resto de sus hijos eran los futuros vasallos que primero estaba la dinastía, luego la corona. Las sacerdotisas tenían dos candidatos: Zulficar por su entrenamiento y la posibilidad de un heredero y Beltran que le seguía en edad y formación. 

En una de las mesas estaba la delegación del pais, Inshan. Una provincia pobre que reclamaba derechos de expansión. Sus ropas de colores chillones, el hedor de sus cuerpos como comida podrida y su piel que parecia permanentemente sucia y grasienta desentonaba con el banquete. Las delegaciones se repartieron entre las ciudades estado en un modo de compartir su cultura y legitimar su insignificante país. Su cultura consiste en acosar mujeres tanto nobles como sirvientas, donde permanecen hay una estela de suciedad y abandono. Además de ofenderse si alguien les señalaba esto. La fealdad de sus hombres era proporcional a la belleza y educación de sus mujeres que ingresaban a las sociedades. Adaptándose y siendo siempre bienvenidas a todas las cortes. 

Uno de los mas jóvenes, con una cara marcada con razgos de malicia acosaba a una joven noble. Esta intentaba zafarse de su agarre, los otros reían y trataban de desnudarla. Beatrize le repuganban estos seres de color a escremento de burro. Se acercó sigilosamente, el arte de la manipulación mental de la sacerdotisa era sutil pero letal. Como golpeado por un martillo invisible soltó a la noble que huyó. Varios miembros de su grupo le insultaron en ese repugnante rebuzno de animal que es su idioma. Pero este tomó un tenedor y se lo clavó al hombre que tenía a mano. Los doce que componen la delegación se pusieron a pelear, los guardias los rodearon buscando la voz del capitán de la guardia. Un guardia recibió un puñetazo por parte de esos infelices. La regla de las ciudades estado es que si un extranjero golpea a un noble o a un miembro de la guardia se castiga con la mutilación o muerte. 

Los guardias machacaron a golpes a la delegación, menos el que inicio la pelea que se mantenía bajo la bota de uno de los guardias, rogaba, lloraba y se hizo en sus pantalones. La visión de pulpa hedionda donde había doce cuerpos era sobrecogedora. Los guardias de la corte estaban hartos de la delegación y los nobles reunidos alrededor sonreían con satisfacción ya no toleraban a esos animales. 

La madre Imperial miró la escena con indiferencia y con un gesto a Beatrize le autorizó a hacer como ella creyera mejor. La sacerdotisa observó el despojo humano del sobreviviente. Ordenó que le cortaran la lengua y lo colgaran en el muro de los criminales de la ciudad_Esto es una mugre, antes que lo cuelgen. Que limpie todo esto_Ordeno con malicia_Si no cumple a tiempo, o lo hace mal vayan cortando sus extemidades_ El rumor ahogado de los nobles entre sorpresa y curiosidad la reconforto.

Después de unas horas, no había restos de la desagradable delegación y el sobreviviente sólo le quedaba el brazo izquierdo. 


No hay comentarios: