3 mar 2022

El lado oculto de la luna púrpura


Continuación de Las sombras de los templos

 

El patio interior de las camaras privadas del Emperador cambiaba dependiendo de quien ocupaba el puesto de emperador. Durante el gobierno del padre de Silas, Tarlind de Loth, la fuente era de piedra lunar gris, toda la vegetación era cortada de manera prolija y no se permitían flores de ningún tipo. En los tiempos, del Noble destructor la fuente se dividio en 4 más pequeñas de bloques de los templos destruidos del gremio de la cadena. Las plantas eran carnívoras o venenosas, solo permitian animales como serpientes, arañas-tigre y buitres del desierto del Principado de Morthyth. 

En el caso de Elis, decidió que ese patio fuera una réplica del antiguo patio de las cámaras de las concubinas favoritas. Una fuente blanca con estatuas de ninfas de los ríos, las flores blancas de las enredaderas que crecian sin control, perfumaban el patio. Si bien se ordenó que se sacaran las mascotas del patio. Las plantas y flores ponzoñosas se mantuvieron entre los arboles frutales y la hierba medicinal. 

Sentados en los bancos de mármol blanco, la emperatriz, su madre y su hermano, el príncipe Zulficar tenian un picnic. En una distancia prudencial, las sacerdotisas y Satine, vigilaban que la reunión se desarrollara sin contratiempos. La novicia Moira escribia a toda velocidad las comandas imperiales, mientras Lady Satine leia cartas o decretos. Comiendo dulces estaba la novicia Beatrize y Velmor quien parecia aburrido con la situación. Sentia que vigilar un almuerzo familiar era un desperdicio de su tiempo. 




 

El príncipe le servía el té a su madre que disfrutaba de un bollo dulce, su boca estaba cubierta de azúcar rosada. Sonrió con agradecimiento. Elis cortaba de manera aparatosa, la torta del festejo de la cosecha, la joven no podía evitar que el relleno de crema azucarada se escapara por los lados. 

_Extrañaba esto_ Dijo con melancolía Zulficar, miro a su hermana con pesar. Solo podía imaginar el peso de la corona. Sin embargo, sentia un sabor agridulce en su boca. Su pequeña hermana es la cabeza de su dinastía y no él, el primogénito de Silas. 

_A veces maldigo el día en que gane el torneo _Replicó con amargura la emperatriz. La torta se encontraba mutilada y el dulce se habia derramado por todos lados. Lamia sus manos sin vergüenza. El torneo de la corona, en el que participaban los hijos del emperador, el ganador es el heredero de la corona. No importaba si era el primer o último hijo, mujer o varón. Su mirada estaba puesta en los cabellos grises de su madre, tratando de recordar a la mujer fuerte que mantenia a la corte bajo su control. Sentía una angustia que la ahogaba. Todo un mundo a sus pies y no hay espada que pueda devolverle a su madre, la mujer que estaba sentada con ellos era apenas la sombra. Un recuerdo que se desvanecia poco a poco. Aunque queria aplazarla, debia tomar una decisión.  




_Yo maldigo el dia que conoci a Silas_Respondio su madre, su voz sonaba clara y fuerte. La neblina de la locura se habia disipado. Ambos hermanos se sorpendieron, nunca habian escuchado a su madre decir algo negativo de su padre, ni siquiera cuando desató su crueldad con ella_No maldigo sus nacimientos, o el de sus hermanos. No_Siguio mientras tomaba un sorbo del te_Solo deseo que la corona no exista, de que sirvió todo este baile? Si solo los huesos bailan?_ Hizo la pregunta con pesar. 

Ninguno de los dos pudo responderle algo, sentian que esos momentos de lucidez de su madre eran peores que los de locura.

 La corte se mantenía expectante ante la eminente caída de Ophelya, disfrutando de la desgracia y viendo a la familia imperial tambalear. No era secreto que la madre de la emperatriz manejaba los hilos del consejo de las flores y a través de sus hijos varones, el consejo de hierro. Era el poder detrás del poder. Pero esos dias estaban contados, la emperatriz debia mostrar la fuerza y no la demencia de la dinastía esmeralda.

Se mantuvieron charlando de las festividades, riendo y comiendo como una familia. La mirada expectante de la corte era intolerante. Los rumores de la guerra se volvian fuertes y se filtraban sin pudor en todas las conversaciones de la corte. 

Zulficar queria abordar el problema de Loth y el problema que involucraba dos de las ciudades-estados. El romance fallido con el Conde de Belial, era la excusa que se decia, había dañado la razón de la emperatriz, para poner su ojo vengativo en aquellas tierras. 

_Hace meses que no veo a tu padre_Suspiro Ophelya,  tomaba el te de manera lenta saboreando cada sorbo_La rebelión en las ciudades-estado lo estan consumiendo _ Siguió hablando ante la mirada atónita del príncipe y la emperatriz. Su madre habia olvidado la muerte de Silas, la presencia del fallecido emperador permanecia en su mente. Zulficar le sirvio más te_ Lo siento madre, nos quedamos sin la infusión de yerba buena_Dijo mientras se paraba con la tetera vacía en sus manos._ Preparare más_ Se levanto de manera torpe, sus manos apretaban la tetera como si fuera un salvavidas. Elis se unió a su hermano en la mesa donde tenian los ingredientes y el quemador de llamas narajas. 




_Esta empeorando_ Declaró el principe mientras machacaba las hierbas con violencia. No queria que su hermana viera sus manos temblar, no podia someterla a más presión y angustia._ Tenemos que avanzar con la toma de poder, ya no se puede aplazar un ciclo más_ 

El tono de reto de su hermano mayor, su mirada concentrada en la preparación de la infusión molestaron a la joven emperatriz. Queria reemplazar a su madre, para dominar los consejos mientras, su hermanita jugaba a la emperatriz. Sonrio con amargura, no podia negar el hecho que habia perdido a su madre en los laberintos mentales que habia recorrido su propio padre. Tambien sabía que su hermano mayor deseaba el poder pero no quería lastimarla en el proceso. El amor es un arma de doble filo, repetio su madre una y otra vez.




Se preguntaba cuanto control creia su hermano tenia, quien era el para aconsejar o tomar decisiones referentes a su familia. Vio la silueta de una mujer vestida de colores oscuros, su prima Katerina tenia un semblante relajado, casi feliz.  

La marquesa Giska se acerco con el embajador de Tai-Shum, traia en sus manos una modesta bandeja plateada en ella, habia dulces y quesos del festejo. Podia oir la melodiosa voz de su prima explicando la tradicion del festival de la cosecha a extrajero. Su hermano derramo la mitad del agua hirviendo en su mano derecha, maldijo por lo bajo mientras unos sirvientes se acercaron a arreglar el accidente. Las sacerdotisas y Lady Satine miraban ansiosas esperando ser llamadas. 

Se inclinaron ante ellos con el respeto que la familia imperial merecia, Zulficar tomó la bandeja delicadamente, rozando los dedos de Katerina. Esta sacudio su mano sacando restos de agua inexistente. Sonreia con calidez pero sus palabras suenan huecas, sin emoción.  

_Lady Satine, novicia Moira_ Llamo Elis, chasqueo sus dedos con arrogancia. La noble y la sacerdotisa se acercaron rapidamente casi como dos fantasmas. Estas entregaron dos cartas con el sello imperial. Uno le dieron al principe_Querido hermano, tenes razón, hay que avanzar con la toma de poder. Pero primero hay que resolver el problema de los traidores_Dijo con determinación_ Iras a Loth a ayudar con la transición de poder que dejamos trunco_ Le dio una de las cartas, era una orden directa. El principe asintió mudo, sorprendido y furioso.

_Prima, tu habilidad es necesaria en Belial. Confio en que te encargaras de que su conde recuerde su lealtad al Imperio_ Su voz se volvio gélida._ Despues de eso, bendeciras en mi nombre a la familia Oshunm de Titania, los nuevos regentes de Morthyth_ 

La marquesa tomo la carta con tranquilidad, alejarse de la corte es un alivio. Pero a la vez sentía el juicio de su gobernante en sus hombros.



18 ene 2022

El festival de las bestias


Continuación de Ella sangra llamas

 “El olor a conflicto siempre es el mismo, lo reconoces en cualquier lugar. Es como el perfume nauseabundo de cadáveres y el de una tormenta formándose, una vez que lo que reconoces nunca lo olvidas.” La voz del viejo capitán hacía eco en la mente de Hipolita, mientras se ponia el vestido negro que Fedra habia encargado para ella. 

En el taller solo quedaban unos pocos técnicos limpiando sus herramientas y cambiandose, el festival de las bestias era una de las pocas celebraciones de la Republica que coincidia con la celebracion de la cosecha del Imperio y la danza de la nieve en el Reino de Mantor. Todas tenian el mismo motivo, festejar y agradecer a los dioses por la abundancia y la paz.

Los faroles multicolores se movían suavemente con la brisa nocturna, las luces señalaban los diferentes caminos al baile comunal del festival. Los puestos de comida estaban atestados de guardias, técnicos y guerreros de diferentes lugares de la República.

Había parejas escondidas en los callejones, grupos de viajeros participando de rondas de juegos de azar y algunos miembros del gremio tomando cerveza en las mesas comunales.




Hipolita y Fedra caminaban nerviosas vigilando a Callista que saltaba entusiasmada, su vestido rubí flotaba a su alrededor como una hoguera. 

A metros de ellas, Melkiades las vigilaba atentamente tomo un trago largo de cerveza. Esperaba que la distraccion fuera suficiente para que desaparecieran. Realmente le deseaba lo mejor a la prodigio pero lejos de el y su taller. El jefe de taller era un hombre que se consideraba simple, el trabajo es su pasion todo lo demas, las peleas de poder y el futuro de la Republica libre le tenian sin cuidado. Solo se involucró cuando ejercer su magia fue un problema en el Imperio. Todo aquello que lo alejaba de su taller y sus maquinas lo eliminaba sin miramientos. 

Al principio solo se sentia como si el aire caliente de las hogueras se movia por cuenta propia, luego en el cielo se empezo a formar una nube anaranjada que crecia de manera precipitada. En un momento de ella surgieron una tortuga marina, un aguila  y un dragon de color negro. Cuando la ultima figura aparecio las expresiones de sorpresa o alegria por aquella vision se silencio. El dragon, simbolo del Imperio se alzaba por sobre las otras figuras que estaban moviendose de manera pacífica. El dragon trataba de devorar a las otras figuras persiguiendolas, esto puso nerviosa  a la multitud, de un momento a otro el dragon negro cayo sobre la tortuga y ambas figuras se desdibujaron sobre un edificio que se derrumbo creando una nube de polvo amarillo. 




En el medio de aquel espectaculo fallido, las mujeres corrieron hacia uno de los callejones dejando atrás a los espías que las vigilaban. Se desvanecieron como las figuras en el cielo. Fedra sabia que eso solo no serviria para mantener ocupadas a las autoridades de la Republica. Pero siguieron avanzando, Callista miraba las luces del festival y sus ojos estaban húmedos. 

Los faroles del baile comenzaron a estallar convirtiéndose en antorchas incontrolables, los tecnicos se acusaban entre si por tal broma, sin embargo los guerreros se movían nerviosos mientras asisten a apagar el fuego.

En un templo abandonado a metros del muro protector, se escondían la prodigio del fuego y sus dos guardianas. El bullicio del festival y el olor de la brea de las hogueras llegaba hasta ese rincón olvidado de la capital rebelde. Hipolita se preguntaba si los espías estaban alertados de su desaparición. Las manos de Carmilla temblaban, sus ojos brillaban de manera acuosa Tan cerca y tan lejos murmuraba. Fedra trataba de mantenerla de pie pero se mantuvo en el suelo dibujando símbolos con la ceniza del suelo.

_ Cuando dijiste que la distracción iba a parar?_ Pregunto la capitana en tono nervioso. Queria salir corriendo dejar a su suerte a la demente que debian entregar.

Una llamarada mágica se elevó unos doce metros, la lluvia de cenizas y el humo espeso las cubría. Las llamas se elevaban cada vez más y se extendían devorando casas y personas a su paso como un tornado de fuego. La capitana quedó congelada mirando hasta que Fedra tiró de ella, guiándose por la densidad del humo y cenizas.

Callista movia las manos y los dedos de manera frenética, en sus pupilas solo se podía ver un reflejo anaranjado. Hipolita sintió el calor de las llamas en su piel y por primera vez en su vida reconocio que el odio no era odio sino, miedo hacia todo aquel que poseía un dominio. 

La entrada estaba atestada de personas que huían de la hoguera descontrolada, la muchedumbre se movía de manera errática. Fedra podia escuchar las quejas, gritos y reclamos. No habia miedo en sus palabras solo disgusto ya que creían que todo eso era producto de algún mestre borracho que se habia excedido con su festejo. El rostro de Hipolita estaba blanco, algo que la preocupo siguio su mirada. El brazalete en la muñeca de la prodigio se derretia.




Arrastrando a la joven, llegaron al arco principal de salida. Los guardias estaban ocupados con la gente que se agolpaba por salir o entrar y las llamas que devoraban casas a su paso. Fedra sostenia a Callista por la cintura y mantenia agarrada la muñeca de Hipolita, como una madre con niños inquietos. La capitana apuro una bebida a la chica asegurandose que tomara el narcótico que habian preparado para esa situacion. Mientras pasaban por el arco de salida unos guerreros de pieles grises y olor a hierro chocaron con ellas empujandolas al muro. Callista en el suelo vomito el calmante, su vestido rojo estaba quemado y sucio por las cenizas. Los guardias trataron de sacarlas a patadas del umbral, la prodigio se levanto tambaleandose, y las llamas en sus manos los convirtieron en carbones andantes. 

La capitana noqueo de un golpe a Callista, Fedra dio un grito de frustración. Cargar al botin solo les restaba tiempo que no tenian. Llegaron al borde del bosque mas cercano de la muralla, podian ver el resplandor del fuego y la niebla blanca que poco a poco cubria a la capital. 

Avanzaron unos kilometros pero tuvieron que despertar a la prodigio, cargarla se habia vuelto una tarea insoportable. _El sendero no es la mejor opcion, es de hecho la peor_Protesto Hipolita mientras sacudia el cuerpo inerte de la chica.

_No tenemos caballos y el puesto de avanzada que nos puede ayudar esta a 5 kilometros del sendero_Argumento la comandate, estaba cansada y nerviosa. No queria discutir cuando todabia no estaban seguras.

_Y por que no vamos por el rio?_Sugirio Callista mientras se acomodaba los pedazos que le quedaban de vestido_ Salimos al puerto de Tamaran por la bahia Roanok y son 3 dias. Ademas el deshielo ya paso, asi que no hay peligro de desviarse a las playas de Thai-Shum_ Las mujeres la miraron con sorpresa, sonaba logico y Hipolita asintio ya que por la posición de las lunas estaba en lo correcto. Caminaron al río hasta llegar a un pequeño muelle donde robaron una lancha. Ayudadas por los remos y la corriente se alejaron de los limites de la Republica. 

El agua del río estaba limpia, fresca pudieron lavarse el tizne de las hogueras y cargar agua fresca. Fedra noto que no habia peces, algo normal cuando el rio recibia las aguas del deshielo. Pero confio en el plan de la prodigio y confío en el conocimiento de la capitana.



5 dic 2021

Ella sangra llamas

 


Continuación de Ella llora llamas II

El olor putrefacto de la habitación se había ido, la mínima limpieza y la brisa invernal dejó el lugar habitable en los parámetros de Fedra. Esta se encargaba de que pudieran dormir y comer de manera decente. Pero la prodigio del fuego era una fuente de caos andante, que no cooperaba, como una niña caprichosa y mimada. Hipolita se decía así misma que esto es temporal pero, el cautiverio, las torturas y sus pérdidas eran una tormenta constante en su mente, dejándola con poca paciencia con su botín. 

Callista demostró ser errática pero manejable según las palabras de Fedra. En las comidas, habla del trabajo y se pasa horas explicando las ventajas y desventajas de la aplicación de ciertos símbolos mágicos. Las discusiones con los otros tecnicos y maestro se volvian acaloradas pero siempre terminaban con frases como “Si funciona”, “Hay que experimentarlo” o la favorita de Melkiades “Nadie dice que no se puede hacer, pero en este taller…” Las reglas de cómo trabajar en el taller son inamovibles. Eso era precisamente lo que la joven sufría o ella clamaba que sufría. Según las palabras de los otros miembros del taller ella es la favorita del jefe del taller. Hipolita sentía un destello de desprecio en la voz de varios de los mestres, como si la presencia de la prodigio fuera algún tipo de insulto para con ellos. Melkiades le informó a la general que todos sabían el origen de la joven y dada la violenta historia entre el sacerdocio de Cassia y el gremio de las cadenas no es una sorpresa esa actitud para con Callista. 

Todos los días visitaban a la sanadora de la zona, esta se encontraba en el taller contiguo al de Melkiades, que se llamaba La araña sonámbula.

Este taller era luminoso, ordenado y los técnicos usaban todos el mismo uniforme, el cual no dejaba ver su piel. La sanadora tenía tatuajes dorados en las mejillas y sus brazos tenían marcas blancas como cortes limpios.  A la mujer le daba igual quienes eran o de donde venían “Las manos que traen el oro y la plata no son importantes” decía alegremente.




Insistió que Callista debía ser tratada en su taller, y no trabajar en el de Melkiades. Esto irritaba por demás al jefe de la cadena, gritaba y vociferaba insultos que la capitana no entendía pero por la expresión de los demás técnicos eran ofensivos. La sanadora simplemente lo ignoraba o sonreía de manera despectiva. 

En una discusión, Callista empezó a cantar una balada de un tritón y una loba que compiten por el amor de la luna amarilla. Era una vieja leyenda del Imperio. Todos en el taller la miraron incómodos, tanto Fedra como Hipolita sintieron esos ojos, juzgandolas y maldiciendo su presencia. Como si la voz del prodigio revelara sus miedos o lo peor de cada uno. Ambos jefes se lanzaron miradas acusadoras, el jefe apoyó su enorme mano en el hombro de la chica_Silencio llamita_Reto de manera juguetona. Había logrado que la sanadora pusiera una expresión agria. 

Hipolita sintió que ya era hora de planear su partida de la República rebelde. Con la oportunidad de ver más allá de las paredes del taller, concluyó en dos verdades del territorio considerado salvaje para el Imperio y el resto de principados, reinos y ducados cercanos.

Uno, la fachada de salvajes y desorganizados les daba ventaja ante los ataques externos. Mientras que en su interior mantenía una organización en grupos de espionaje y defensa impecables.

Dos, todo eso se mantenía por el delicado equilibro entre las tribus, los señores de la guerra y el gremio de la cadena. Sin estas 3 fuerzas, la República libre estaría bajo el yugo del Imperio, en lo que tardaba una avalancha de montañas en el ciclo del águila. 

Pero aquellas verdades, no sirven para planear una fuga en la capital, según el jefe del taller en un par de días se llevaría a cabo un festival, uno de los pocos, que convocaba a muchos habitantes de la república. En esos días la seguridad de los muros de la capital se relajaba. El resto de los técnicos comentan que esos días, 3 en total, nadie trabajaba. Ni los guardias, espías o miembros del gremio. Un acuerdo tácito del disfrute. Todos los años cambiaba de fecha, suponían que el anuncio del festival se hacía de acuerdo al deshielo de la cordillera. Muchos estaban emocionados y planeando diferentes actividades, hasta un par de jóvenes les preguntaron si querían acompañarlas a comprar vestidos festivos. Fedra sonrió con amabilidad, como disculpándose. Cuando estuvo por responder que debían permanecer en el taller por su situación de prisioneras. 




Melkiades grito que podían ir, solo si se llevaban a Callista con ellas, esta última protestó diciendo que no quería salir. Se ponía insoportable cada vez que debía poner un pie fuera del taller. La luz del crepúsculo cálida al principio fría en cuanto tocaba la luna violeta, caía sobre las ruinas antiguas, dándoles formas grotescas a las sombras de los edificios y templos. Caminaron por el mercado, bullicioso por la proximidad del festival. Hipolita podía identificar más de 10 lenguas diferentes y otras desconocidas. 

El olor a mariscos asados transportó a la capitana a la isla, llenando de nostalgia su corazón. Se acercó al puesto donde una mujer de ojos acuosos y piel curtida por el mar movía con energía una cuchilla abriendo los moluscos con una rapidez propia de la experiencia. 

Callista se acercó con sus monedas de plata hacía más de media hora que se quejaba del hambre que sentía. La expresión de sorpresa era igual a la de un niño. 

_Dos porciones de litpos asados_Pido la capitana mientras la joven le tendía las monedas a la mujer para pagarle_Nunca los probaste? Te van a encantar, su sabor es parecido a las papas rojas pero mejor_ La prodigio se puso colorada y murmuró que no conocía el mar, nunca había salido del continente. El perfume salino les llegó como una cálida brisa, la capitana mordió con prisa la carne del animal de mar. De pronto, las risas en la taberna favorita de su tripulación, la cerveza turbia como mar tormentoso y el olor metálico de las monedas de plata volvieron a su mente. Hipolita quería llorar y reir, gritar tal vez, Callista comía con avidez sonriéndole pero dejó de hacerlo cuando se dio cuenta de las lágrimas de la capitana. _Que? Esta fea tu porción?_ Pregunto alarmada, sintió un escalofrío, ahora la comida tenía sabor amargo y pegajoso. 

La capitana negó con la cabeza, sonrió con la boca manchada con aceite. No quería alterar a Callista. Esta siguió caminando delante de ella. _Odio a las sacerdotisas, a todas ellas_Dijo la joven, el tono estaba teñido de odio y temor en partes iguales_Nunca voy a volver a ese lugar. No, no voy a volver_Repitio, sus ojos dilatados brillaban. Fedra aparecio con varias bolsas de color marron, en ellas se podian vislumbrar telas de colores brillantes. La prodigio tomó las bolsas y corrió a la modista junto con las otras técnicas del taller. La general le dio algunas instrucciones para su propio vestido y el de Hipolita que comía en silencio. 

En cuanto la chica desapareció, Fedra empezó a hablar_Ya se cuales la parte por donde vamos a salir, es la zona sudeste del barrio de los tejedores._La dureza de su tono mantuvo la atención de la capitana_Estamos a 5 km de un recodo del río Orath, se supone que un barco nos espera. Pero no me confio, asi que te propongo que usemos algunos caballos que seguramente habrá en las murallas _

Hipolita limpio sus manos en el pantalón, algo de todo eso no le convencía. Demasiado fácil para ser verdad. ¿Qué pasaría con los espías que las seguían desde el barrio del gremio? Podía ver cómo se mantenían a una distancia considerable, además que no contaban con toda la ayuda del jefe del taller. _El botín es y será un problema, independientemente de cuán bien pensemos el plan_Contesto la capitana, en su mente la palabra enfermedad y inutil eran lo mismo_ Su habilidad puede que nos sirva, pero su mente es un riesgo. Hay que ver una alternativa de manejar eso_Continuo en tono pausado_ No quiero irme con las manos vacías pero tampoco quiero irme solo con mis cenizas_

_Por eso le vas a dar esto antes del festival_Fedra le puso en la mano una especie de pulsera con cuentas negras, tenía engarces plateados con pequeños dibujos de lunas amarillas. Hipolita se estremeció, no tenía que ser una técnica o una sacerdotisa para sentir el hechizo que esa cosa tenía, un anulador de voluntad.

_Sos una idiota si crees que la demente se va aponer esto por voluntad propia_Reprendio con enojo_Incluso yo se de estas baratijas, tienen un limite y son poco efectivas para lidiar con algo como la prodigio_ Tambien sintio intriga como la general habia conseguido esa pulcera. El velo verde de Cassia se extendía sobre la capital rebelde, no había lugar en el continente al que las sacerdotisas no accedieron. 

_En un momento, se lo vas a poner_Ordeno intentando poner un punto final a la conversación_ Hasta que lleguemos a Tamaran, despues tendras tu oro y huesos_

El sabor de los mariscos fritos se había disuelto, Ningún habitante de la isla olvidaba, era como algo grabado en sus mentes. Podrás viajar por el mar Skar, podrás caminar a lo ancho del continente pero nunca podrás dejar la isla en tu corazón. Las palabras de su primer oficial retumbaban en su cabeza, mientras guardaba ese objeto maldito. 


Continua en El festival de las bestias


24 oct 2021

Ella llora llamas II

 


Continuación de Ella llora llamas

La mirada culpable de la general recorría la habitación, tomando cada detalle de aquel caos. Buscar las palabras correctas para justificar su plan y las consecuencias grabadas en sus cuerpos. Una parte quería explicar y consolar a su compañera de viaje pero otra parte, la racional, la sobreviviente del Harem le recordaba que Hipolita era la capitana de una embarcación mercenaria que contrató el Imperio, o lo fue al principio de su aventura.

_ En el momento en que se desató el incendio_Explico_ Despues de eso solo nos comunicamos una vez mas_Temia en la reacción de la capitana_En el camino, me informaron que tenían acceso a personas en la República y la ubicación de la prodigio_Suspiro con cansancio_Esta misión lleva planeada hace más de 7 ciclos por lo que me dieron a entender _




_ Cómo sabían que quería venderla?_ Pregunto Hipolita más para ella misma que para su interlocutora. Se recostó en la hamaca abandonada _¿Tienen la fuente del fuego salvaje y lo venden? Al Imperio?_ No entendía los motivos de todo esto, pero su mente lo atribuía a la ignorancia de la política y sus juegos. 

Fedra se mantuvo en silencio pensando en sus palabras, no quería confesar que tampoco tenía una razón clara del plan. Ella es la mano en la oscuridad, que trabajaba para que la Luz del Imperio creciera y su luz tocará a todos quienes adoraban a su ser. 

_yo solo cumplo mis ordenes_Contesto la general, suspirando con cansancio_Todo es por la paz del Impero_Se recordó a sí misma su juramento.

Un silencio incómodo se instaló en la habitación, ya en la hamaca y con un cansancio acumulado por días Hipolita se durmió. Por su parte, Fedra se puso a mirar por el ventanal tratando de poner en orden su cabeza, Quería descansar pero se exigió a mantenerse alerta por ella misma y su compañera de viaje. La capital rebelde se veía apacible y silenciosa como si fuera una antigua ciudad abandonada. Tal vez lo era en un primer momento, después las tribus que negaban someterse al puño del Imperio migraron de las montañas adentrándose al territorio. Después migraron los últimos miembros del sindicato de la cadena, la insurrección de Gathing. Según los informes del sacerdocio de Cassia, la relación entre los líderes de las tribus y los maestros de la cadena era tensa. Parte por que el conocimiento no era libre, estos no podían disponer de los técnicos tan fácilmente como creían. Debían pagarles y respetar las costumbres del herético sindicato. 

Además estos solo participaban en la defensa de la capital o de los poblados, nunca en batallas o ataques que organizaban los grupos de ataque.

La joven sentía angustia y rabia, su anterior vida no la había preparado para esa misión. Miro a Hipolita, envidiaba su endereza, conocimiento y la voluntad de seguir a pesar de todo. Tanteo de manera inconsciente su lado derecho, pero su espada no estaba hacía más de 3 ciclos que la había perdido en las manos de los rebeldes. El cansancio estaba haciendo mella en su mente, se preguntaba qué ciclo sería? Antes que la luz del poder fuera emperatriz, en el ciclo de la tortuga, todas las mujeres del Harem preparaban dulces ambares, los favoritos del Principe Beltran. Por la noche se servía vino de duraznos rosados y la, entonces, princesa Elis ayudaba a su madre a hilar para comenzar el tapiz de los cantares como cada periodo. Extrañaba los cuchicheos, las risas veladas y las miradas de complicidad entre la princesa y las jóvenes del Harem. La luz del poder brillaba con intensidad cuando sonreía. La dulce calma de esas labores se extendía por el palacio, como si las intrigas palaciegas desaparecieran por un momento. Casi podía sentir el suave aroma de la fruta cocinandose, el calor de las llamas controladas por sus compañeras, todo aquello la tranquilizaba preparándose para un sueño que su cuerpo añoraba. Se recostó en un sofá arañado y con manchas mas que sospechosas pero no le importo. Se miró las manos lastimadas con angustia, ¿cuándo fue la última vez que las había cuidado? se preguntó. Quería darse un largo baño y comer algo dulce mirando el río correr. Sintió una punzada de culpa, por desear cosas banales cuando ahora era una general del Imperio. Con este último pensamiento se durmió. 


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En una de las habitaciones del taller, el jefe de la cadena dibujaba una runa arquetípica en un espejo oval. El espejo se veía sucio y el marco se encontraba oxidado. Un leve resplandor anaranjado aparece mientras el técnico dibuja con precisión un patrón en la circunferencia de la superficie plateada. 

En lo profundo de su ser, Melkiades detestaba ese tipo de trucos pero eran necesarios para ciertas cuestiones. Sabía  hacer funcionar ese objeto mágico pero le molestaba no saber cómo funcionaba. El resplandor naranja cambio de color a uno amarillento chillon hasta mutar a un verde claro como las aguas de la Isla Veremyn. 




Su reflejo cambio al de una joven mujer de cabellos negros y velo verde, su expresion servera imitaba a la del jefe de la cadena. Ambos fijaron sus miradas en el otro, levantaron la mano derecha al mismo tiempo y luego la izquierda como quienes presentan armas en un duelo. 

La sacerdotisa de Cassia hizo una serie de movimientos con sus dedos y manos, su rostro permanecía impasible, esos gestos se podrían traducir como: “Maestro de la cadena, Melkiades. Soy la maestre del templo de la Isla Veremyn, Arcyla de Chian.” Saludos en hora del ciclo del cangrejo. El hombre solo endureció su gesto con evidente desagrado, y movió sus manos y dedos con gestos duros, “ya llegaron sus agentes, en medio ciclo se irán.” 

Arcyla parpadeo con evidente sorpresa, sonrió complacida con la respuesta. Pero la parquedad del técnico lo sintió como un desafío. Su esposa sigue comprando naranjas en el mercado oculto de la isla, un placer inusual. Los dedos de la mujer se movieron de manera elegante casi como una noble tratando de seducir a su amado. 

Los ojos del jefe brillaron de manera inusual, como si un relámpago tratara de escapar de esas pupilas oscuras. Sus dedos temblaban conteniendo todas las palabras que quería arrojar a la petulante sacerdotisa frente a él. “Cómo piensa sacarlas de la capital? Mi ayuda solo se extiende a mi Taller.” Tener a esas mujeres en su techo era como estar caminando sobre hielo muy fino. No dudaba que espías de los rebeldes vigilaban su territorio y no podía darse el lujo de la sospecha. 

Los labios de la sacerdotisa se mantienen apretados, sus manos cerradas parecían pequeñas rocas blancas. Tenían un plan alternativo si el jefe del gremio se opone a ayudarlas, sin embargo las excursiones a la capital rebelde son riesgosas y ocasionar más pérdidas que ganancias. “Solo necesitamos una ventana de tiempo sin vigilancia, como mínimo 3 hs y una distracción”. Puso énfasis en las palabras como mínimo, no quería recurrir a nuevas amenazas. Presionar demasiado a un maestro de la cadena no daría buenos resultados. Melkiades negó con la cabeza pero sus manos se movieron rápidamente. “Una hora y la distracción puede ser el festival de las bestias. Ya fuera de los muros de la capital ya es su problema.

No conforme con la respuesta Arcyla trato de taladrar con la mirada a su deforme reflejo, asintio con resignacion. Por su parte, el técnico hizo un saludo con una expresión agria en su rostro.. Ambos pusieron sus dedos en la superfice del espejo trazando una runa, el resplandor verdoso cambio a amarillo mientras los reflejos se transformaban, como si los tatuajes hereticos del maestro de la cadena se fundieran con el velo verde de la sacerdotiza. Era una combinación pavorosa que solo duró unos segundos, los suficientes para perturbar a ambos. Cuando el resplandor desapareció, Melkiades podía enfocar  sus ojos en la imagen del espejo, un hombre con una orden que cumplir. 


Continua en Ella sangra llamas


27 sept 2021

Ella llora llamas

 


Continuacion de "Tan duro como el diamante II


Melkiades era el jefe de gremio que dirige el taller, un hombre entrado en años y con un carácter entre afable y directo. Mientras ingresaban al taller podían observar a los diversos maestros del gremio trabajando en sustancias o en metales. La mezcla de idiomas era interesante, como una música discorde entre el ruido de las forjas y las indicaciones de los asistentes. La piel de cualquiera en ese recinto tenía un tinte azulado, ya sea por los símbolos heréticos o la suciedad de las forjas. 

El jefe avanzaba con rapidez al interior del taller, los guardias las habían dejado a su suerte a penas atadas. Hipolita se mantuvo en el umbral, en su mente si entraba ya no tendría escapatoria. Además que los espacios cerrados la incomodaban. Fedra tiró de ella, siguiendo a Melkiades. Estudiando a su alrededor, sus manos temblaban de nervios y cansancio, tomó el brazo de la capitana arrastrandola hacia el interior del taller. 

Entraron a una habitación oscura, podían ver los miles de libros acumulados, papeles y diferentes objetos metálicos con símbolos arcanos. Se sentó pesadamente como si hubiera caminado toda la capital ida y vuelta. Miraba los pedazos de cristal marrón recuperados por los rebeldes, su rostro se mantenía neutral como si lo que viera era algo común. 




_Asi que esto, era Mulciber_Afirmo mirandolas sin esperar una respuesta_La araña verde me dijo que las encargadas llegaron hace un ciclo, con la plata acordada_ Hipolita miró furiosa a Fedra, está bajo la mirada algo avergonzada. Esa parte del plan, la capitana la ignoraba completamente. Adivino que la araña verde era su hermana, ese perfume en el bosque le confirmaba sus sospechas, de que las seguían. 

La general se sentó en una de las sillas polvorosas, su mirada recorría el lugar para no tener que posarla en su compañera de viaje._ Es correcto, la mitad de la plata se encuentra en la capital y la otra parte será entregada cuando la mercancía sea asegurada en territorio imperial_  Contestó, su voz sonaba rasposa y agotada producto del viaje.

El maestro de las cadenas tenia puesta su atención en los pedazos de vidrio, trataba de manipularlos con diferentes herramientas, en su mano uno de los simbolos hermeticos resplandeció en una luz verde, su semblante de concentración le daba un aspecto severo casi como un sacerdote de las llamas. 

_Ahora necesitamos verla _ Ordenó Fedra, trataba de mantenerse fuerte pero Hipolita podía ver sus ojos apagados por el agotamiento, las ropas manchadas con sangre y los moretones que se tornan azul verdoso. En otro momento hubiera ayudado a su compañera de viaje pero el saber que todo esto era un plan retorcido de las infames sacerdotisas de Cassia, se lo impidió.  Melkiades levantó la mirada confundido, parecía que por un momento se había olvidado de su presencia. Asintió y las guió por un pasillo con muchas puertas. Eran los dormitorios de los miembros del taller, los marcos de las puertas tenian grabados magicos de diversos colores, amarillo, rojo y cobre.

Todo el taller permaneció en semi penumbra, a excepción de las mesas de trabajo de los maestros y aprendices, el pasillo era igual. No era fácil distinguir una puerta de otra. Todo el lugar es frío como una cueva montañosa y al igual que ella parecía hostil.

_Supongo que tienen muchas preguntas o no_Dijo el hombre, en su cabeza rapada podían confundirse las venas con los tatuajes como un único diseño. Paro en una puerta de color caoba, tenia unos simbolos de proteccion rudimentarios grabados. Un sonido discordante salía de ella, la capitana reconocía el sonido del agua corriendo con algo metálico pero otros ruidos le impedían entender que sucedía en esa habitación. Así como un calor anormal.

_Hay alguien llorando_Afirmo Fedra. Enfrentó al jefe con una mirada acusatoria. Pero este solo se quedó mirando la puerta con una mezcla de tristeza y fastidio. 

_Reconozco que no fue mi mejor inversión _ Contesto mientras abría la puerta. La habitación era mediana, una enorme ventana dejaba entrar la luz crepuscular, no había cama si no una hamaca que la atravesaba. En ella, estaba una muchacha de cabellos revueltos gimoteando como una niña. El calor y el olor nauseabundo son insoportables, el jefe de gremio parecía no notarlos pero las lágrimas de la joven parecen incomodarlo. 




Había una mesa de trabajo repleta de utensilios, herramientas y libros. El suelo estaba pegajoso, donde se pisaba había restos de comida o otras cosas que Hipolita prefirió ignorar. La capitana se acercó a la joven, sus manos estaban sucias con carbón, así como su rostro. Le recordaba a los niños del puerto abandonados a su suerte en el puerto de la isla, mientras sus padres se marchaban al mar por ciclo enteros. 

_Esto no era lo que habíamos acordado_Dijo molesta Fedra_Se supone que era el prodigio del fuego que veníamos a buscar_ La mirada de reproche al maestro de las cadenas era letal, se sentía estafada y agotada. Pensaba en el tiempo y los recursos usados para esa misión y su sangre hervía de indignación. 

_Esta es el prodigio del fuego, Callista de Balkan. Nieta de la Madre de las Lagrimas_Contesto el hombre con una expresión glacial. Quería terminar rápido con el acuerdo y los lamentos de la chica lo irritaba cada vez más._Hace años que está huyendo de las arañas verdes, algo pasó en Loth y llegó como esclava a la Capital._El maestro apretó sus labios con angustia, la general intuía que algo no estaba bien pero se mantuvo en silencio mientras este hablaba_ La compre por 7 piezas de plata, trabajó por varios ciclos llegó a la cuota pero por poco...Parecia que habia mejorado pero desde que se escucho los rumores de guerra, empeoró. Produce pero el resto del día es así _Explicó señalando a Callista que había dejado de llorar y solo miraba el vacío ignorando la gente en su habitación._Medio ciclo pueden quedarse, recuperar sus fuerzas pero tienen que llevarsela_ La capitana escucho al dueño del taller algo en sus palabras no encajaba, si la joven era su esclava por que venderla al enemigo? ¿Que era realmente esa pobre criatura?. Antes que pudiera hacer alguna pregunta, Callista se levantó de manera aparatosa de la hamaca paraguaya. Miro a Melkiades con fastidio _ Ya cumpli mi cuota hoy_La voz rasposa por el llanto si como su apariencia patética era como un insulto a su jefe y esta chica lo sabía. Hipolita había visto ese comportamiento caprichoso en las esposas de sus oficiales. Recordaba las peleas conyugales en el puerto, los gritos, las lágrimas y las reconciliaciones, sonrió. Extrañaba su tripulación, su barco y el mar. Todo eso perdido a manos de esos rebeldes, para una misión que había sido fallida desde su principio. 




El jefe del gremio suspiro era evidente que no quería pelear o discutir en ese momento, tal vez había algo más. _Si, tu cuota esta completa, ellas se van a quedar en tu cuarto_ Explico como quien explica a un niño _ Están de paso_ Siguió cuando la joven abrió la boca para quejarse de la repentina invasión en su cuarto_ Su destino final es Tamaran_ Dicho esto. Callista sonrió mostrando sus dientes amarillentos. En su rostro se podía ver los surcos de las lágrimas, ese cambio de actitud alarmó a Hipolita.  

La puerta se abrio de un golpe, una joven  de cabello corto y negro solicito la ayuda del Maestro de las cadenas. Al parecer un trabajo requería de su experiencia, miro de reojo a la prodigio que dejó de sonreír para escuchar el problema que debían solucionar. Tanto la capitana como la general poco entendían de la jerga de los maestros de las cadenas y mucho menos de la República rebelde, quedaron afuera de la discusión como si fueran simples muñecas o fantasmas.



Los tres se marcharon dejando a las mujeres en la habitación de la chica, Hipolita miraba en silencio el atardecer. Una parte de ella solo quería dormir y olvidarlo todo. Por otra parte, quería golpear a Fedra y gritarle por su pérdida. Su mente hacía los cálculos, cuánto debía trabajar para conseguir un nuevo barco, la tripulación? ¿Tendría alguna después de ese fracaso?. 

_Fue algo improvisado, teníamos la información del paradero de Callista pero no contemplamos buscarla para_ Empezó a explicar Fedra con rapidez pero la capitana no la escuchaba, su mirada la mantenía fija en las torres de Capital Kipka

_De ella fue la idea, no?_ La voz de Hipolita se mantenía serena quería confirmar algo que sospechaba desde su captura. La voz de la general era como el murmullo del mar. Algo en el corazón de la chica se desvaneció. Era el peso de la culpa, su hermana había hecho eso. Sentía que su madre reía con orgullo desde el abismo de Cassia, se lo merecía. Merecia perderlo todo, era su pago por lo que había hecho. Fedra seguía con sus explicaciones pero ella estaba en el puerto de Veremyn con sus monedas de cobre y el llanto de su hermana en sus oídos. Ni la tormenta más furiosa podía callarla.