13 sept 2022

El ciclo de la serpiente


Continuación de El festival de las bestias


Después del festival de la cosecha la sombra de las lunas gemelas se volvió tenue. Dando paso a la estacion cálida. El deshielo había comenzado y el río Orath se tornaba caudaloso e impredecible. La ciudad costera de Arloh al sur de Belial llegaban embarcaciones del interior de Reddthy y de la isla Veremyn. El sonido de las corrientes del río y el mar que chocaban violentamente era un arrullo constante para los habitantes de la bahía. 

El puerto  se encontraba concurrido. Los barcos seguían llegando y partiendo. Del interior de la ciudad-estado llegaban las mercancías y las noticias. Hombres de la republica libre negociaban con navegantes de la asociación de comercio imperial. Sacerdotisas de Thassa compraban telas azules a piratas de Thai-Shum, cuyas máscaras son tan inquietantes como sus voces. 




Las estrechas calles de madera impregnadas de coral y salitre se hablaba de la unión del Conde y la hija del Duque de Morthyth. Una sirvienta de la fortaleza local discutía con su hermana recién llegada de Karnak. Las forjas de Belial trabajaban de día y noche, el resplandor era un pequeño sol haciendo que la ciudad no durmiera. Según las palabras de la mujer. Los forjadores y las casas de artesanos temían la llegada de la estación cálida, porque eso aumentaba el riesgo de incendios en el territorio. Quienes vivian en  Arloh  se dividían en dos posturas, quienes lamentaban que su conde habia dejado escapar a la Luz del poder y otros que festejaban el fin de ese romance herético. Unos pocos entendían que lo que importaba un corazón roto en el esquema del dominio del Imperio. 

La guerra contra Mantor y la rebelión frustrada de Loth flotaban en el aire como el olor nauseabundo del mercado de pescado. Imposible de ignorar pero nadie decía nada al respecto. La mirada atenta de las sacerdotisas de Cassia era la advertencia que el Imperio estaba allí aunque no se esforzará por ejercer su poder. 

El capitán del barco Lamia dormida ingresó al templo de Cassia de la ciudad. El edificio es modesto podia confundiendose con una casa de un mercader. Las marcas en la puerta y las cortinas verdes que colgaban son el único indicio que allí estaban las hijas de Cassia.

Al ingresar una mujer lo recibió con una mueca de decepción. El capitán empezó a dar sus explicaciones, la falla del plan y porque tuvo que huir del punto donde esperaba al prodigio de fuego y sus guardianas. La sacerdotisa queria silenciar al hombre, arrancarle cada diente con tal de que se callara. Pero ya era tarde, las pocas sacerdotisas que se encontraban en el templo escuchaban atentas. 





Aclaró su garganta y el capitan detuvo su monólogo. Pensaba reclamar el pago pero prefirió solo avisarle a la devota de Cassia que solo iba a cobrarle la mitad del monto acordado ya que no había traído a esos pasajeros. 

Arcyla no habia heredado la habilidad negociadora de su madre o la simpatía de los hombres del mar como su padre. Esos dones eran de su hermana, que ahora se encontraba fuera del ojo de la orden de Cassia y fuera de su alcance. 

_Me debe un viaje por el río Orath_ Dijo la joven. Disfrutaba del rostro descompuesto del capitán, esa ansiedad y terror que generaba el verde. La deuda contraída con la orden era una deuda con la diosa._ En cuántos ciclos podremos llegar a Tamaran?_ Los velos verdes de ese templo estaban desgastados y la mayoria son de calidad modesta. 

El capitan dudo si mentir o no. Para la mayoría de los habitantes de Belial su dios protector era Asteth, señor del fuego y las forjas. Sin embargo, su Madre era Cassia. ese miedo reverencial lo hizo contestar._ Dos a tres ciclos si la corriente es buena_

Arcyla  acomodo su velo de manera lenta mostrando los complicados detalles de plata bordado en él. El color esmeralda es vibrante a comparacion con los muros grises y carentes de adornos del templo _ Olvido la llegada del verano, un ciclo es más que suficiente_ Contestó. El capitán se despidió recordando que en la mañana la esperaba en el puerto. Este corrió a la salida y azoto la puerta principal. 





Los pasillos de ese templo son estrechos, el olor a madera húmeda es diferente a la Isla o eso creía Arcyla. Extrañaba su templo, el puerto sin fin de la isla y la comida grasosa del mercado marino. No le gustaba el continente con su gente común, tampoco el mar con sus amantes,  piratas y aventureros. Disfrutaba de la rutina de todos los días, el saber que el te de cada mañana era del mismo sabor. Una sacerdotisa le tendió una pila de cartas con diversos sellos, al parecer eran los estados las misiones que se llevaban acabo en ese lado del río. Misiones que estaban en un punto muerto por razones ajenas a las sabias manos de la orden. El fracaso que la recuperación de la prodigio del fuego caía en ella. Su hermana Hipolita habia fallado, aunque la llenaba de alegría saber que habia perdido a su tripulación y el barco que amaba. Ahora las dos no tenemos nada, estaban a mano a los ojos de la diosa. Sin embargo, tenía que completar la misión aunque eso implicara intervenir directamente. Se encerró en una de las habitaciones para leer con detenimiento una carta con el sello de una llave y dos lágrimas. 

Al parecer la rebelión del leon dorado no habia muerto con él. Sumida en sus pensamientos no notó que la puerta se abria silenciosamente, detras de ella sintió un perfume particular. Salitre y hierro. Una figura vestida de negro se inclino ante ella con respeto, le entrego un sobre negro con un sello de un puñal. 

_Entonses la guardia Obsidiana quiere colaboración_ Afirmó con mal humor la sacerdotisa. Mientras abría la carta no dejaba de vigilar al mensajero que esperaba una respuesta. 


Cambio de pioridades, apoyo a la dama negra en Belial antes del término del ciclo de la serpiente.


Al terminar de leer el breve mensaje, el papel se convirtió en una roca negra grande como un carbon. El mensajero desapareció dejando a la sacerdotisa temblando de rabia. Trato de tomar una taza de té que tenia en el escritorio pero lo escupió, estaba frío y dulce. Insoportablemente dulce. 


Continua en Las cadenas son la salvación


2 ago 2022

Bajo la luna escarlata II

 


Continuación de Bajo la luna escarlata


La madre imperial mantenía sus ojos en el río, sentada en una silla improvisada. Su sacerdotisa personal leia las cartas recién llegadas con preocupación. El sonido del agua acallaba las voces del campamento que tanto disgustaban a Ophelya. La sacerdotiza Moira se inclinó dejando que su velo verde cubriera parte de su cara _Que Cassia cuide su camino _ Saludo.  Sin despegar la mirada de la rivera del río levantó la mano haciendo una especie de saludo. La novicia entendía quedo callada cerrando sus puños, aferrándose a los extremos del velo. 

La marquesa Giska llegó al campamento con las ropas con barro y sangre. Su rostro estaba lastimado parecía que un animal la había atacado. Se metió a su carromato azotando la puerta. Los nobles caminaban de un lado a otro confundidos y ansiosos por saber que habia pasado a la prima de la Luz del poder. Algunas damas empujaban a sus sacerdotisas a espiar en las ventanas del carromato o tratar de escuchar tras la puerta cerrada. 

_Nuestra emperatriz te necesita Novicia Moira_ Dijo la madre Imperial sacandole las cartas a su novicia personal, Beatrize, ignorando toda la situación. Era sabido que la joven marquesa habia caído en desgracia a los ojos de su tia cuando se divorcio del archiduque _ Deberías volver a la capital Imperial. La marquesa Giska puede ocuparse sola de las negociaciones_ Recalcó el sola con saña mientras arrojaba las cartas a la hoguera. 


Moira apretó sus labios tratando de recordar las palabras que marchan con la verdad pero sin dejar la herida que ella conlleva. Llevarle la contraria a su mestra solo empeoraría las cosas. Pero por sobre todo las ordenes de la emperatriz son la ley solo por debajo de las manos de Cassia. 

La novicia Beatrize estudiaba la situación con cautela acostumbrada a los arrebatos de su empleadora. Las cartas en el fuego le parecia un capricho inocente a lo que podia ocurrir. 

_Mi hija sabe lo que esta haciendo?_ Dijo la madre imperial con disgusto_ Sabe el precio de las miserias de la guerra? Por supuesto que no. El movimiento del ejército carmesí es oro que el Imperio pierde. Oro que no fluye como el rio Orath_Susurro con veneno_Porque la guardia obsidiana no es eficiente? novicia Moira _Pregunto con hastío.

Moira bajo su mirada_ Ignoró las misiones de quienes nos protejen en las sombras_Hizo una pausa, buscando las palabras adecuadas_Pero Nuestra Luz del poder camina con la mano guiada por Cassia _ Trataba de transmitir fuerza pero su voz sonaba insegura. El crepitar del fuego y el choque del agua contra las piedras era ensordecedor ante el silencio del campamento. Los nobles se mantenían a distancia pendientes de las palabras imperiales. Ophelya miro directamente a la joven _Jensen no se rendirá _ Se levantó en un movimiento furioso de su falda, se encerró en el carromato verde oscuro con las insignias de la dinastía. Los nobles volvieron a moverse con naturalidad, los susurros velados y los ojos indiscretos aumentaron su voracidad. 





 Ambas novicias se quedaron afuera mirando el bosque. La cara seria de la vieja  sacerdotisa se mantuvo vigilante ante los movimientos del campamento. Se acercó a la hoguera calentando sus manos enfundadas en unos guantes esmeralda gastados_ No sé que pretende con enviarte a Belial. Un cuervo canto algo interesante en el templo, el padre de la novia esta perdido_ El principe Zulficar apareció caminando toscamente se dirigió al carromato de la marquesa pero se arrepintió y entro a su carpa. Esta vez los nobles se mantuvieron atentos a sus tareas casi temerosos ante la presencia del príncipe _El desierto perdió su rastro antes de poder atraparlo. Asi que no te sorprendas si deben usar tres nudos para contener a las ratas_ 

Moira estudio las botas verdes desgastadas de su colega no tenian una mancha de barro asi como el dobladillo de la falda.  Mientras que su falda negra tenian barro y pasto. Podia sentir el olor apestoso del caballo en sus manos. _Belial es un punto estratégico, el imperio no puede perder su mano izquierda. _Justifico_ Ademas la traición es una deuda que se cobra_ No quiso seguir dando explicaciones, no las valian. Temia por muchas cosas en ese momento. Se encontro extrañando las quejas de Satine y la desfachatez de Velmor. La emperatriz estaba sola en su palacio, enfrentando la rebelión y un corazón helado. 

La acompañante de la madre imperial alzó las cejas _ Este Imperio morirá antes de aprender a caminar_ En el pasado quien hablaba con semejante insolencia era ejecutado en el momento. Pero estos tiempos de hielo quebradizo y pálidas luces todo es posible.



7 jul 2022

Bajo la luna escarlata

 


Continuación de El lado oculto de la luna púrpura


El campamento tenia 3 grandes hogueras alrededor de ellas se encontraban los carromatos de los nobles, pese a las protestas del príncipe, varios miembros de la corte se sumaron a la misión diplomática. Estos nobles eran gran parte del sequito de la madre imperial. 

La noche ya era cerrada cuando llego el mensajero del palacio. La marquesa Giska observaba el fuego meditando en las palabras de la emperatriz antes de partir. A diferencia de las damas, esta vestia con ropas propias de un soldado que le daba un aspecto sombrío. La madre de la emperatriz usaba un vestido esmeralda, las joyas engalaban su atuendo. El mensajero fue detenido por el capitán de la caravana, tras unas palabras tirantes este se acerco a la marquesa. El sobre tenía un sello con una luna y dos lágrimas, tomó la carta con temor. No quería testigos asi que guardo la carta en los pliegues de su abrigo manchado con barro y se alejó unos metros del campamento. La luz rojiza-violácea de la luna crepuscular le permitio leerla, a medida que recorría las palabras de su novicia, Katerina trataba de recordar como mantenerse parada. Mordió sus labios hasta hacerlos sangrar, no podía gritar tan cerca del campamento. Podria alterar a su tia, haciendo que toda la misión fracasara antes de empezar. Como deseaba que el hielo de la tundra cubriera su corazón, como rogaba una y otra vez apagar aquellas emociones que para nada servían. 



Esto lo sospechabas, es una guerra, la estrategia se adapta a este evento era, cual era? Esos pensamientos trataban de tapar otros, los inútiles como se decía a sí misma la marquesa. Pero la ira, que había dormido para avanzar ahora era la mala hierba que invadía cada rincón de su mente. Tan profundas eran sus raíces que la empujaba a planear una venganza, rápida y sin piedad. 

Sus piernas le fallaban, intento de mantener la postura pero escucho unos pasos, botas de jinete. Zulficar queria hablar con ella, su expresión de culpabilidad cambió a preocupación. 

Ambos se habian evitado de manera elegante pero el principe vigilaba a su prima desde aquella noche de sombras purpuras. No podia olvidar el sabor del vino de cereza salvaje, ni el fuego que intentaba consumirlo con su toque. Sin embargo, Katerina nunca se encontraba sola en el palacio; las reuniones con el consejo de las flores, las negociaciones con diferentes ducados y la compañía del embajador de Tai-Shum. La mantenían lejos de él. 

_Que?_Su pregunta quedo trunca ante los ojos húmedos de Katerina. Su mano derecha abollaba lo que suponía era una carta y la izquierda trataba en vano de aferrarse al árbol. Alargo sus brazos intentando sostenerla como aquella noche pero ella se alejo.  

_Fuera, su majestad _Ordeno, dándole la espalda. No estaba con ánimos de escuchar las quejas del principe, creía que iba a romperse varios dientes para mantener su boca cerrada. 




Zulficar la abrazo por la cintura, podia sentir el calor de su espalda en pecho, la suavidad de su pelo en los brazos, le hacia olvidar donde estaba y quienes eran. El temblor de la mujer hizo que la estrechara más fuerte, el perfume de la tierra húmeda y el jazmín salvaje lo incitaban a emborracharse con la misma presencia de Katerina. Comprobó que debajo de esa camisa no llevaba corcet o ningún artilugio femenino, solo piel. 

La marquesa se apartó de los brazos de Zulficar dejando un espacio considerable entre ambos. El sonido del río a unos metros del campamento aturdia los sentidos de la mujer que trataba de contener una rabia desde hace muchos ciclos. 

_Que pasa Katerina?_ Pregunto mientras avanzaba, no iba a escapársele otra vez. Ella retrocedió hasta chocar contra un árbol, sus ojos brillaban a causa de las hogueras. Trato de alcanzar sus manos pero esos puños se encontraban cerrados._Los necios de Mantor declararon la guerra? o tal vez el consejo de las flores logró su objetivo y empujo a mi hermana a las trampas de la diplomacia?_ El silencio de Katerina era respuesta suficiente para él. 



Sin esperar respuesta de la marquesa, la beso. Intento sujetarla contra el árbol pero esta lo empujo una vez más, con fuerza cortando su beso. El sabor a sal y carne se mantenía en su boca. El rostro de Katerina estaba sombrío solo sus ojos amarillentos brillaban de manera sobrenatural. Zulficar no iba a tolerar el rechazo de un inferior, es el primer príncipe del emperador Silas el noble destructor. Ella lo deseaba, lo habia besado bajo la luna escondida.  Katerina salió corriendo a la rivera del río con una velocidad inusual, Zulficar logró alcanzarla y derribarla con mucho esfuerzo. El barro de la rivera se encontraba en parte inestable por el deshielo de esa manera ambos se encontraban el suelo. Rapidamente el príncipe atrapó con su cuerpo y el suelo a la marquesa que se retorcía en el barro. Este la beso nuevamente mientras con una de sus manos abría de un tirón la camisa desecha de su prima.  Las manos de Katerina recorrian su espalda buscando algo, el toque de sus dedos y la calidez de su boca lo hacían desear más, mucho más. 


El sabor metálico de su sangre y el dolor lacerante en el hombro lo hizo saltar lejos del cuerpo de la mujer. Lo habia mordido, su sangre se habia derramado por el niveo cuello y pecho. Ella se relamio los labios, sus manos parecian garras inquietas manchadas de barro. Zulficar saco una daga y la arrojo a los pies de ella, abrio los brazos como dandole la bienvenida al castigo que pagara su crimen. 

_Me debes una vida_Dijo la marquesa mientras tomaba la daga. Lo beso, dejándolo saborear su propia sangre. Su pequeña mano apretaba su cuello con las uñas clavadas, cuando corto el beso. Lo escupió. Zulficar se quedó mirándola, se mantuvo sentado con sus mejillas rosadas llenas de barro. 

Katerina volvio al campamento y se encerró en su carromato. No miro al príncipe pero tenía la impresión que habia obtenido una horrenda ventaja sobre él.


Continua en Bajo la luna escarlata II


25 may 2022

La palabra de un noble

 


Continuación de Lágrimas de luna amarilla

Primero fue el movimiento, algo en las manos. Los dedos de Akrasia tenian una rigidez parecida a la de una anciana. Luego fue el olor a menta, alcohol y algo que no podia identificar. Algo que le recordaba a las mazmorras de su palacio.

Hyperion de Marat, se sentia inseguro en su propio palacio. La visita permanente de la familia Oshunm solo empeoraba la situación. La media sonrisa de la matriarca de la famila Oshunm, cada vez que Akrasia hablaba lo inquietaba. Años de oposición y peleas terminaron cuando su hija se casó, por gracia de la emperatriz, con el conde de Belial. Sus acuerdos y negocios seguian prosperando sin que la mano atenta del sacerdocio de Cassia pudiera tocarlos o la dinastía esmeralda lo pudiera notar. 

Tal vez la nueva cercanía entre su novicia personal con la sobrina de la matriarca, Leylah de Toth era el gesto que esperaba hace muchos años. Al llegar la carta de su hija anunciando su embarazo, todo se derrumbó, lentamente y sin poderlo evitar. 

Su mayordomo de palacio desapareció, Akrasia le alertó que huyó con una campesina hacia una de las ciudades escondidas del desierto. Su reemplazo fue un sobrino de la familia vasalla de los Oshunm, por consejo de su novicia. El joven se veia seguro y cómodo en el puesto. Mientras prestaba juramento a su nuevo señor, sus ojos se desviaban a la matriarca. 




Las cartas imperiales aparecían en las manos de Leylah excusándose que los mensajeros del imperio estaban confundidos. La novicia Akrasia asentia mecanicamente.  

El problema era el cambio de poder, Hyperion sentía que estaba perdiendo terreno en este mundo nuevo que inaugura la nueva niña emperatriz.  Su palacio se lleno de sombras y susurros inquietantes. A causa de la diligencia de su novicia que ocupó su tiempo reuniéndose con Leylah, ahora lidiaba con la duda en su mente y la sospecha que el Imperio le arrebataria el control de su amada ciudad. La ley establecia que solo los parientes de la dinastia esmeralda podian gobernar las principales ciudades -estado. Su padre habia estado emparentado con la dinastía, siendo el sobrino del emperador Tarlind de Loth. Sin embargo, dichos gobiernos podian sostenerse en la familia si el emperador de turno lo aprobaba. 

En la noche donde la luna apenas era una hoz de oro, la asamblea de Morthyth convoco a todos sus miembros. 

En el salón donde se reunio con la asamblea podia sentir los ojos de los nobles siguiendo sus movimientos, esperando un momento de debilidad. El duque busco a su novicia al verla junto a Layla se aferro a su silla con temor. 




Antes que nadie, la matriarca de Oshunm comenzó su acusación contra el duque Hyperion. Traición al Imperio, robo y extorsión, entre otros cargos. Su carismático discurso se apoyaba en la evidencia de los cofres con las armas de Belial. Las espadas brillaban con un fulgor maligno, las palabras de los testigos asi como las miradas furiosas de los nobles lo paralizaron. Esperaba que su sacerdotisa volviera a su lado, que usara sus palabras y desapareciera todo aquello. 

Hyperion trato de desestimar las calumnias pero su novicia, la fiel Akrasia, apoyó a la noble afirmando todo aquello. Jurando sobre su velo y los pies de Cassia. Los nobles votaron a favor de destituir al duque y entregarlo a la justicia Imperial. Los guardias que antes lo protegieron ahora lo esposaban para confinarlo a sus aposentos hasta que llegara algún pariente de la dinastía esmeralda. 




Encerrado en su propia habitación, redactando una carta a su hija pidiendo ayuda. Akrasia a abrió la puerta dejando que un haz de luz anaranjada la iluminara, sus ojos estaban opacos y sus manos eran similares a las ramas de un árbol moribundo. Entro con pasos erráticos parecido a un animal herido. El olor a mazmorra se mezclaba con el perfume de las velas. Ahora era podia verlos, los simbolos impios de la necromancia. 

Su novicia avanzaba hacia el, mientras su piel se volvía gris. Los miembros de la asamblea aparecieron en el umbral mirando la escena con horror, los murmullos convertidos en gritos de asco llamaron la atención del cadaver caminante que se volvió para atacar. El duque podia distinguir el rostro de la matriarca, sonreia con satisfacción, este corrió por los pasillos secretos con la esperanza de escapar de su hogar mientras lo que quedaba de la novicia se desplomaba en el suelo. 

Las sacerdotizas de Cassia aseguraron a los nobles que el duque de alguna manera logró corromper a su hermana haciendo de ella una muñeca. Por ello, seria juzgado y castigado con el peso de la ley imperial y la de Cassia cuando sea capturado. 




La novicia-cadáver ardía en la plaza principal de Titania. El velo verde con el escudo del Duque de Morthyth, se encontraba sucio a los pies de la hoguera. En la puerta del palacio, están colocando el escudo de la nueva casa noble gobernante la familia Oshunm. Su matriarca, Carmilla de Sorcha mantiene su mirada en las llamas. En sus manos, sostiene la comanda imperial que la autorizaba a mantener el orden en la ciudad-estado hasta que la emperatriz determinará quien gobernara por los próximos años. Aunque la independencia de Morthyth estaba comprometida, Carmilla estaba orgullosa de su triunfo.



Continua en Escrito en la arena


24 abr 2022

Carta de la novicia Moira a Lady Satine



En un punto de la frontera con la capital imperial y la ciudad - estado de Belial


A Lady Guillet-Soleil, Primera dama de compania imperial,

             Como suponiamos el camino a Belial junto al sequito de la madre imperial y el principe, es una travesia pesada de recorrer. Me recuerda a nuestro viaje con la corte itinerante. Lamento que mis reemplazantes no sean eficientes como lo señala en su carta anterior, agradezco que cubra a nuestra pálida llama en lo que necesite. 

En este momento, el lugar seguro es lejos del palacio esmeralda. Aunque lo niege, nos llegaron informes del castillo Nothery. El conde está recibiendo contingentes de todas partes, al parecer a presentar sus respetos pero los baúles de oro y armas hablan por sí solos.

Respondiendo a tu anterior carta, la novicia de la marquesa Giska se encuentra en el reino de Mantor. Eso confirma todo lo que suponiamos, hoy llego una carta sellada de la frontera. Sospecho que la corte esta esperando noticias de este viaje, y pronto las tendrán. 


Que Cassia proteja tu camino.


17 abr 2022

El oficio de la tejedora

 



Continuación de El teatro de las rosas II

Tres semanas después de que la novicia Moira había partido a Belial con la marquesa, por las dos cartas que recibió, el viaje había sido algo agitado. Satine se acostumbró a la presencia de aquella sacerdotisa. Le dolía admitir que extrañaba su presencia.  La emperatriz estaba ocupada entre el consejo de hierro y las reuniones interminables con los embajadores de las diferentes ciudades - estado, principados, ducados y demás. Lady Satine asistía a todo eso y ayudaba a los dos reemplazos de Moira, incompetentes y petulantes. Sin embargo, el consejo de las flores se ha vuelto un lugar volátil, sin la presencia de la madre de la emperatriz, quien viajó con su hijo a las tierras fértiles de Loth. Las nobles y cortesanas trataban de ocupar un lugar central en la corte. 




Satine se mantenía en silencio mientras las otras nobles hablaban, Lorcas de Sindorel era el centro de atención. Como siempre, hermosa, elocuente y querida por el consejo de hierro y de las flores. Satine quería ver su rostro consumido por las llamas, otros días quería que la mantuvieran en las mazmorras del palacio esmeralda. En el pecho de la joven, ardía la llama del odio, un odio primordial. La codicia que la hacía consciente de sus propias fallas como mujer y noble, en el consejo de las flores. 

El poder que había ganado en la corte itinerante se estaba esfumando con la aparición de esa mujer, la marquesa Giska estaba atendiendo los asuntos de la Emperatriz en Belial. Dejando un espacio en donde una nueva noble podía llenar, la joven Soleil que había labrado alianzas paso a paso, vio como todos miraban a la recién llegada en una tarde logró arrebatarle más de la mitad de sus contactos, así como retrotraer todas las negociaciones. Ese sentimiento le era conocido, lo había vivido muchas veces y esta vez la abrumaba. Velmor se mantenía a su lado, pero también debía recorrer el palacio por diferentes cuestiones, podía sentir la molestia de su empleadora. No dijo nada, entendía sus emociones pero no era su campo ayudarla con ellas. 

Mientras la condesa de Seshat servía el té, estudiaba a Satine. La mirada llena de una furia velada por el servicio. Reconocía esa mirada, la había visto en muchas personas por diferentes motivos. Mientras hablaban de las negociaciones con la segunda familia noble más importante de Loth, la condesa no podía evitar sonreír cada vez que el rostro de la joven se descomponía al escuchar la voz de Lorcas, en la otra punta del salón. 

Los labios de Satine estaban tensos, en un rictus de asco profundo que no se esforzaba por simular. Lady Sindorel era acompañada por un noble diferente cada día, se reúnen alrededor de ella como si portara la mismísima corona. Los hombres se esforzaban por llamar su atención, con frases interesantes o regalos. 



_Su tierra es próspera por eso ganó un lugar en el consejo, antes que llegaras_Dijo la noble mirando el líquido ámbar en su taza_No estuvo en la corte porque se dedicó, a sus tierras_Siguio mientras la mirada de Satine se vuelve más violenta, en sus pupilas arde la llama del profundo rencor que sienten los desplazados, aquellos que no pueden brillar lo suficiente. Los modestos talentos que ganan sus batallas con la paciencia y la dedicación del día a día. 

_Debemos concentrarnos en las misiones diplomáticas de Mantor, en cualquier caso deben estar contenidas si Cassia no lo quiera estalla la guerra_Contesto para desviar la atención, Satine quería borrar de su rostro la expresión sombría que se negaba a desaparecer_Si tomamos en cuenta los informes de la frontera podemos estimar que la estrategia, tiene que ser lo más rápida y efectiva posible._ El tono de voz se mantenía tenso, quería no sentir esa ira que crecía cada día en su interior. Pero allí estaba, cada minuto envenenaba su mente y la hacía cometer errores estúpidos. 



Carlina sonrío con ironía _La circunstancias mundanas nos llevan a la guerra, pero debajo de ellas están su verdadero motivo_Podia ver la batalla interior de la joven noble, le recordaba los tiempos cuando la madre de la emperatriz había llegado a la corte. Hace muchos años, muchos siglos atrás cuando sus manos estaban ansiosas por tomar el poder. 

Satine miró su regazo, su pierna mecánica le dolía. Porque a ella le tocaba perder todo el tiempo? ¿Cuándo sería su momento? Esas preguntas quemaban su razón y lógica. Sus labios se mantenían cerrados y su expresión de seriedad cambia a un semblante de irritación. No es justo, no lo es, repetía su mente una y otra vez como un sermón sagrado. Apenas podía escuchar la información que la condesa le entregaba, su mente estaba mostrándole los diferentes escenarios donde podría destruir a su rival, ella era la sombra de la corona dorada. Las sombras son insondables y no pueden ser derrotadas. 

La señora de Seshat cerró sus puños exasperada _Lady Satine, le recuerdo que nuestra luz imperial depende de sus palabras para una estrategia para la futura guerra_ La joven parpadeó con vergüenza. Sus mejillas se pusieron rosadas dándole un semblante de niña irresponsable. Asintió escondiendo su rostro _Tiene razón, Condesa. La escucho _ Contesto tratando de dominar sus emociones. 

La señora de Seshat siguió su explicación, mientras el asistente de Lady Satine entraba al patio. Las nobles y las sacerdotisas fijaron su atención en el invasor. Quien se había atrevido a contratar una novia como asistente? se preguntaban exasperadas. Lorcas estudió con atención a Velmor, sus ropas bermejas, su sonrisa burlona mientras se acercaba a su empleadora, quien lo reprendió por su osadía de irrumpir en el consejo. Asentía con desdén mientras recorría la mirada como desafiando a que algún miembro del consejo se atreviera a  echarlo. Le gustaba escandalizar a esas momias de velos verdes. Lady Sindorel le sostuvo la mirada sonriendo, se acercó a la mesa de Satine mientras acomodaba los pliegues de su vestido, dejando ver sus piernas torneadas, color dorado como el trigo. 

_ Recomiendo que envies una carta al Marqués de Hedvinkah, sus tierras serán las primeras en estar en peligro _ Termino Carlina. Se levantó con ceremonia y abandonó la mesa. Dejando a Lady Satine con su asistente y Lady Sirodel acercándose con su sacerdotisa personal. Realmente las peleas de poder habían dejado de ser entretenidas, ahora solo le causaban molestia. 

Velmor saludo con la mano, ante el gesto de enojo de su empleadora _Tenías razón, este lugar es agotador_Susurro mientras le pasaba una comanda imperial, tenía un sello de una estrella y dos lágrimas. En un rápido movimiento, guardó la comanda en los pliegues de su vestido. 



  _Cassia guarde sus pasos, Lady Satine Guillet-Soleil_ Saludo la sacerdotisa personal, mientras que Lady Sidorel, estaba interesada en su novia. Podía sentir el deseo velado en sus manos recorriendo su cuello bajando por su escote desnudo. Era incómodo, pero lo era más sabiendo que su asistente se divertía con la situación. Tenía que marchar al consejo de hierro y después ayudar en las cámaras privadas de la emperatriz. Pero se sentía frustrada ante una noble como Lorcas, que pensaba robarle lo que tenía, lo poco que tenía. Satine se inclinó brevemente, su respuesta fue un siseo apenas entendible. Cosa que sorprendió a su asistente que respondió _ Que Totheal visite sus jardines y castillos_ Acomodo su chaqueta carmín de arrugas inexistentes, a modo de mostrar el rango de su empleadora. La sacerdotisa apretó los labios, tal vez reprimiendo un comentario. Ese gesto alertó tanto a la noble como a su asistente, una ventaja, una debilidad. Lorcas extendio un pergamino sellado, el sello era negro grabado con un diamante. Inmediatamente Velmor lo tomó comprobando que no contenía ninguna maldición o mala intención. Tenía un hechizo de bloqueo, algo poco común en la corte ya que casi nadie en ella podía hacerlos sin despertar sospechas de traición._Nuestra luz del poder se merece saber que sucede en las tierras del otro lado del río Orath_ Dicho esto. Se marchó dejando a Satine con dudas y miedos que antes ignoraba.


3 mar 2022

El lado oculto de la luna púrpura


Continuación de Las sombras de los templos

 

El patio interior de las camaras privadas del Emperador cambiaba dependiendo de quien ocupaba el puesto de emperador. Durante el gobierno del padre de Silas, Tarlind de Loth, la fuente era de piedra lunar gris, toda la vegetación era cortada de manera prolija y no se permitían flores de ningún tipo. En los tiempos, del Noble destructor la fuente se dividio en 4 más pequeñas de bloques de los templos destruidos del gremio de la cadena. Las plantas eran carnívoras o venenosas, solo permitian animales como serpientes, arañas-tigre y buitres del desierto del Principado de Morthyth. 

En el caso de Elis, decidió que ese patio fuera una réplica del antiguo patio de las cámaras de las concubinas favoritas. Una fuente blanca con estatuas de ninfas de los ríos, las flores blancas de las enredaderas que crecian sin control, perfumaban el patio. Si bien se ordenó que se sacaran las mascotas del patio. Las plantas y flores ponzoñosas se mantuvieron entre los arboles frutales y la hierba medicinal. 

Sentados en los bancos de mármol blanco, la emperatriz, su madre y su hermano, el príncipe Zulficar tenian un picnic. En una distancia prudencial, las sacerdotisas y Satine, vigilaban que la reunión se desarrollara sin contratiempos. La novicia Moira escribia a toda velocidad las comandas imperiales, mientras Lady Satine leia cartas o decretos. Comiendo dulces estaba la novicia Beatrize y Velmor quien parecia aburrido con la situación. Sentia que vigilar un almuerzo familiar era un desperdicio de su tiempo. 




 

El príncipe le servía el té a su madre que disfrutaba de un bollo dulce, su boca estaba cubierta de azúcar rosada. Sonrió con agradecimiento. Elis cortaba de manera aparatosa, la torta del festejo de la cosecha, la joven no podía evitar que el relleno de crema azucarada se escapara por los lados. 

_Extrañaba esto_ Dijo con melancolía Zulficar, miro a su hermana con pesar. Solo podía imaginar el peso de la corona. Sin embargo, sentia un sabor agridulce en su boca. Su pequeña hermana es la cabeza de su dinastía y no él, el primogénito de Silas. 

_A veces maldigo el día en que gane el torneo _Replicó con amargura la emperatriz. La torta se encontraba mutilada y el dulce se habia derramado por todos lados. Lamia sus manos sin vergüenza. El torneo de la corona, en el que participaban los hijos del emperador, el ganador es el heredero de la corona. No importaba si era el primer o último hijo, mujer o varón. Su mirada estaba puesta en los cabellos grises de su madre, tratando de recordar a la mujer fuerte que mantenia a la corte bajo su control. Sentía una angustia que la ahogaba. Todo un mundo a sus pies y no hay espada que pueda devolverle a su madre, la mujer que estaba sentada con ellos era apenas la sombra. Un recuerdo que se desvanecia poco a poco. Aunque queria aplazarla, debia tomar una decisión.  




_Yo maldigo el dia que conoci a Silas_Respondio su madre, su voz sonaba clara y fuerte. La neblina de la locura se habia disipado. Ambos hermanos se sorpendieron, nunca habian escuchado a su madre decir algo negativo de su padre, ni siquiera cuando desató su crueldad con ella_No maldigo sus nacimientos, o el de sus hermanos. No_Siguio mientras tomaba un sorbo del te_Solo deseo que la corona no exista, de que sirvió todo este baile? Si solo los huesos bailan?_ Hizo la pregunta con pesar. 

Ninguno de los dos pudo responderle algo, sentian que esos momentos de lucidez de su madre eran peores que los de locura.

 La corte se mantenía expectante ante la eminente caída de Ophelya, disfrutando de la desgracia y viendo a la familia imperial tambalear. No era secreto que la madre de la emperatriz manejaba los hilos del consejo de las flores y a través de sus hijos varones, el consejo de hierro. Era el poder detrás del poder. Pero esos dias estaban contados, la emperatriz debia mostrar la fuerza y no la demencia de la dinastía esmeralda.

Se mantuvieron charlando de las festividades, riendo y comiendo como una familia. La mirada expectante de la corte era intolerante. Los rumores de la guerra se volvian fuertes y se filtraban sin pudor en todas las conversaciones de la corte. 

Zulficar queria abordar el problema de Loth y el problema que involucraba dos de las ciudades-estados. El romance fallido con el Conde de Belial, era la excusa que se decia, había dañado la razón de la emperatriz, para poner su ojo vengativo en aquellas tierras. 

_Hace meses que no veo a tu padre_Suspiro Ophelya,  tomaba el te de manera lenta saboreando cada sorbo_La rebelión en las ciudades-estado lo estan consumiendo _ Siguió hablando ante la mirada atónita del príncipe y la emperatriz. Su madre habia olvidado la muerte de Silas, la presencia del fallecido emperador permanecia en su mente. Zulficar le sirvio más te_ Lo siento madre, nos quedamos sin la infusión de yerba buena_Dijo mientras se paraba con la tetera vacía en sus manos._ Preparare más_ Se levanto de manera torpe, sus manos apretaban la tetera como si fuera un salvavidas. Elis se unió a su hermano en la mesa donde tenian los ingredientes y el quemador de llamas narajas. 




_Esta empeorando_ Declaró el principe mientras machacaba las hierbas con violencia. No queria que su hermana viera sus manos temblar, no podia someterla a más presión y angustia._ Tenemos que avanzar con la toma de poder, ya no se puede aplazar un ciclo más_ 

El tono de reto de su hermano mayor, su mirada concentrada en la preparación de la infusión molestaron a la joven emperatriz. Queria reemplazar a su madre, para dominar los consejos mientras, su hermanita jugaba a la emperatriz. Sonrio con amargura, no podia negar el hecho que habia perdido a su madre en los laberintos mentales que habia recorrido su propio padre. Tambien sabía que su hermano mayor deseaba el poder pero no quería lastimarla en el proceso. El amor es un arma de doble filo, repetio su madre una y otra vez.




Se preguntaba cuanto control creia su hermano tenia, quien era el para aconsejar o tomar decisiones referentes a su familia. Vio la silueta de una mujer vestida de colores oscuros, su prima Katerina tenia un semblante relajado, casi feliz.  

La marquesa Giska se acerco con el embajador de Tai-Shum, traia en sus manos una modesta bandeja plateada en ella, habia dulces y quesos del festejo. Podia oir la melodiosa voz de su prima explicando la tradicion del festival de la cosecha a extrajero. Su hermano derramo la mitad del agua hirviendo en su mano derecha, maldijo por lo bajo mientras unos sirvientes se acercaron a arreglar el accidente. Las sacerdotisas y Lady Satine miraban ansiosas esperando ser llamadas. 

Se inclinaron ante ellos con el respeto que la familia imperial merecia, Zulficar tomó la bandeja delicadamente, rozando los dedos de Katerina. Esta sacudio su mano sacando restos de agua inexistente. Sonreia con calidez pero sus palabras suenan huecas, sin emoción.  

_Lady Satine, novicia Moira_ Llamo Elis, chasqueo sus dedos con arrogancia. La noble y la sacerdotisa se acercaron rapidamente casi como dos fantasmas. Estas entregaron dos cartas con el sello imperial. Uno le dieron al principe_Querido hermano, tenes razón, hay que avanzar con la toma de poder. Pero primero hay que resolver el problema de los traidores_Dijo con determinación_ Iras a Loth a ayudar con la transición de poder que dejamos trunco_ Le dio una de las cartas, era una orden directa. El principe asintió mudo, sorprendido y furioso.

_Prima, tu habilidad es necesaria en Belial. Confio en que te encargaras de que su conde recuerde su lealtad al Imperio_ Su voz se volvio gélida._ Despues de eso, bendeciras en mi nombre a la familia Oshunm de Titania, los nuevos regentes de Morthyth_ 

La marquesa tomo la carta con tranquilidad, alejarse de la corte es un alivio. Pero a la vez sentía el juicio de su gobernante en sus hombros.