9 ago 2021

El teatro de las rosas II



Continuación de El teatro de las rosas

 El duelo de miradas era agotador, así como la actitud relajada del joven novicio. Este tomó la bolsa y revisó las monedas de plata que había. El perfume dulzón de la habitación se había vuelto molesto como la peste de una calle de los barrios pobres. 

Lady Satine se debatía así misma, como había llegado hasta la capital imperial, al corazón mismo del Imperio para descubrir que nada era real. Su estancia en el palacio, la corte itinerante y la propia dinastía, la ilusión de algo mejor que la finca Soleil. El esplendor del oro y el status se desmoronó en sus ojos así como un castillo de naipes. Ella se jactaba así misma de poder caminar en el jardín de las espinas y hielo sin inmutarse, de tener todos los senderos a sus pies. Ahora solo sentía un vacío que la ahogaba, añoraba la claridad con la que unió sus pasos a los de la Emperatriz.

Velmor se sentó frente a ella, se acomodó de tal forma que parecía un muñeco desechado por un niño. Era atractivo pero su mirada era una advertencia, de algo peligroso casi prohibido. Se puso a jugar con una moneda, sin prestarle atención a Satine que lo estudiaba. _Puedo sacarme la ropa o no, depende cuanto tiempo necesites. Aunque para lo que tenemos que hacer podemos ahorrarnos esas cuestiones_Dijo con la voz teñida de un tono burlón, miró brevemente a la noble_Tampoco es que me importe mucho lo que hay ahi abajo_ Aclaró señalando el vestido provisto de adornos o sofisticación de la muchacha. 

Tanto Moira como la sacerdotisa que las había guiado se encontraban lejos de ellos, parecía que hablaban pero sus rostros mantienen una expresión neutral. 




El destello plata de la moneda le empezó a molestar, las palabras de la novia solo confirmaban lo que suponía. Ese sacerdote no tenía vocación alguna o en su arrogancia creía que sus habilidades estaban sobreestimadas para la aparente campesina que se encontraba enfrente de él. Pensó en las palabras de Moira, había una verdad en ellas. No sabía manejar a los hombres y eso era un problema para sus planes. _Acercate_Ordeno. Opto por poner su voz en el tono que usaba la marquesa Giska hablaba con nobles por debajo de su rango.

El novicio arrastró el sillón hasta que ambos se encontraban frente a frente, sus piernas rozaban con las de Satine, podían adivinar el perfume del otro o la textura de la piel de lo cerca que estaban. La noble alargó su mano para tocar el rostro del joven pero este se le adelantó y la atrapó. Acuno su mano entre las suyas como un pájaro que intenta escapar, tocaba sus dedos con cierta curiosidad_Nobleza del sur, primera vez que estás en la capital Imperial_Dijo como si describiera a un caballo de carreras_ Lo que no entiendo, es porque no te buscan marido_ Concluye con sorna, mirando su rostro. Tratando de intimidarla.

_Tal vez no necesito uno_Respondio Satine entre impresionada por la habilidad de Velmor y inquieta por su cercanía. Mantuvo su mirada fija en esos negros y profundos ojos que intentaban sacarle todos sus secretos. Libero su mano con gracia mientras mantenía la mirada, su mano jugó con los cabellos del sacerdote comprobando su suavidad. 




Velmor comenzó a recorrer su cuello con los dedos, largos como una araña ponzoñosa. La noble entrecerró los ojos, como un gato satisfecho. Algo en su toque la relajaba, algo que no podía describir de manera correcta, las palabras se perdían en un vacío en donde solo podía ocupar esa sensación. Con la mano libre, la metió en los pliegues de su vestido buscando algo desesperadamente. El sacerdote sonrió con superioridad _Asi me gusta, que busques consolarte sola_ Susurro mientras mantenía su mano en el cuello de Satine, de una manera algo hostil. El calor en la piel de la noble aumentaba, sus mejillas se volvieron un rosa intenso mientras que apretaba sus labios con fuerza como si quisiera reprimir suspiros o algo mas. 

El sacerdote sintió el frío de la daga en el cuello primero y después el peso de la pierna mecánica sobre la suya. La mirada de la noble era violenta, cruel y curiosa. Cualquier rastro de placer o lujuria se había transformado en una sonrisa violenta._Asi que ese es tu grado de maestría?_ Pregunto molesta. Según Moira, Velmor era experto en su campo así como la sacerdotisa Beatrize. Estaba decepcionada y aliviada en partes iguales, pudo controlar la invasión mental pero hasta cierto punto, su cuerpo la había traicionado_No te preocupes, voy a contratarte_Aclaro_ Vas a enseñarme a resistir, vas a estar a mi servicio_Sentencio sin esperar réplica alguna. 



_Por supuesto, mi señora_Afirmo el sacerdote sin sacar su mano del cuello de su agresora, ahora lo apretaba un poco más, mientras que la otra mano subía por la pierna metálica. Se preguntaba muchas cosas, como había resistido su toque, porque contrataba a una novia como asistente, el origen de esta maravilla mecánica y la más importante quién era realmente su nueva ama. _ Cuál es el nombre de mi nueva empleadora?_ Pregunto juguetonamente mientras bajaba su mano hasta llegar a su escote. 

De un golpe, sacó las manos inquietas de Velmor y puso una distancia entre ellos. Temerosa que empezará a aumentar el ataque, que todavía lo sentía en su piel y mente. _Lady Satine, dama principal de la Emperatriz, la luz de nuestro Imperio_ Había practicado su presentación muchas veces y esta vez lo ameritaba. En el umbral, apareció Moira con una expresión preocupada, eso solo significaba que tenían que volver de inmediato al palacio esmeralda._Ya nos vamos, mañana te presentarás en el palacio para empezar tu servicio conmigo _ Dijo, pero algo le decía que cuanto más aliados tuviera en la corte aseguraría su lugar en ella. _Mejor, ahora ya_ Ordenó. 

Al salir del templo rojo, ambas mujeres se sentían inquietas con el sacerdote de Totheal siguiendolas. La idea de mantener sus mentes y cuerpos libres de las manos caprichosas de la Emperatriz comenzó como una idea que tomó forma y se volvió una realidad llevando una novia al palacio, una cuarta novia. En una corte peligrosa, un palacio hostil y un imperio al borde de la guerra.



Continua en El oficio de la tejedora




17 jun 2021

El teatro de las rosas

 



Continuación de Invierno en su corazón


En las calles de la capital se podía percibir la agitación, el ciclo del cangrejo terminaría, con los rumores de guerra solo acallados por los de rebelión de la ciudad - estado de Belial. 
Lady Satine caminaba con dificultad, tal vez la vida de palacio no era para ella. Tal vez realmente necesitaba una novicia personal, tal vez estaba cansada de servir al Imperio. Recordaba la finca de su familia, sus padres no eran tan ricos para costear una sacerdotisa de Cassia, así que contraban institutrices devotas de Thassa o Dominas. Su padre lamentaba una y otra vez de solo tener mujeres como descendientes. Con el tiempo, Cyrconia, fue descubierta por las sacerdotisas y enviada a estudiar al templo. El resto de sus hermanas esperaban a ser casadas con nobles de diferentes rangos. 
Con ropas de campesina que le habían prestado, se dirigía al templo principal. Quería ver la ciudad sin la vigilancia de los guardias. El templo de Cassia, se ve como una fortaleza de piedra verde oscuro y varias puertas de metal color carbón. Según la última comanda recibida, la novicia Moira ya había llegado a la capital. 
Golpeó la puerta principal, con aprensión algo en ese lugar la incomodaba de manera opresiva. La centinela de la puerta la estudió con la mirada antes de dejarla pasar, le informo que venía a buscar a la sacerdotisa de la emperatriz. la mujer no se inmuto como si el cargo le fuera ajeno a sus oídos y le preguntó nuevamente a quien buscaba. Lady Satine, exasperada, contestó con el nombre de Moira y que había llegado de Morthyth. 
La centinela asintió y le pidió que esperara unos minutos. De uno de los pasillos surgio Moira, no llevaba su habitual vestido verde, si no uno negro sencillo. La expresión en su rostro entre ida y frustrada,  la sorprendió. 
_Lady Satine, que agrado tenerla aqui_La voz monótona de Moira acentuaba la molestia, que no se esforzaba por ocultar a la noble. Como si la nerviosa e insegura novicia de la corte itinerante hubiera muerto en la misión de Morthyth _ Nuestra Luz del Poder, me mandó a llamar?_  Satine la observó con extrañeza, que había pasado para que Moira actuara así. Está afirmó que el palacio requería su presencia  y le contó la orden de su emperatriz de conseguir una novicia personal. Ante estas palabras, Moira le dio una mirada de pena pero fue breve.




La guió por uno de los pasillos hasta llegar a un gran salón donde se estaba dando una clase, las novicias miraban con atención la demostración de un hechizo de control de las llamas de la maestra a cargo. Las novicias no eran más grandes que Satine. 
_ Podrías elegir una candidata al comienzo del ciclo de la serpiente, en ese momento se graduarán unas 20 o 30 novicias y vas a poder elegir entre las mejores. En este momento, están en los exámenes finales no es su mejor estado_ Explicó con algo de cansancio_Tenemos que volver al palacio, seguramente nos espera trabajo _Siguió mientras ambas salían del templo. Unos metros lejos del sector del templo principal, se adentraron en el mercado de las especias, el perfume sofocante de la comida callejera flotaba en el aire. 
_Supongo, que Titania no es una ciudad tan hermosa como la describieron_Pincho Lady Satine mientras comía unas Lammbas fritas, el tono despreocupado de su voz, hizo que la novicia parpadeara con nerviosismo._La pálida llama sufrió alteraciones por las palabras enviadas por el desierto _Pálida llama era el sobrenombre que ambas le habían puesto a la emperatriz, era común hablar de ella en la corte itinerante sin que los espías las atraparan.  




Moira se tomó su tiempo para contestar, sabía que la carta fue un error de su parte mandarla pero no podia contrariar los deseos de su maestra _Titania, tiene su encanto como todas las capitales de las ciudades vasallas. Pero la capital es el centro del mundo _ Suspiro con pesar_Lo supuse, pero creo que en un tiempo... Todo se arreglara _ Afirmó.
_En cuanto a la elección de una novicia para su persona, creo que es un problema_Dijo de manera como se disculpara de antemano_Como bien sabe, las novicias son asignadas a determinadas edades y eso es proporcional a la edad del noble al que sirven. Por ello, Lady Satine no hay novicias que sean adecuadas para usted _Replicó mirando brevemente su pierna mecánica._ Si a eso le sumamos el origen de su… mejora física. No creo que sea conveniente que tenga una sacerdotisa de Cassia a su servicio _Satine la miraba con odio, nunca Moira había sido tan terriblemente grosera con ella. Tal vez esa era su revancha por la petulancia y arrogancia que mostró en los días de la corte itinerante. Se aprovechaba de que era nueva en la capital para humillarla y deshacerse de ella lo más rápido posible. Antes que pudiera contestarle algo, la novicia paro en la puerta de un templo de cortinas rojas oscuro_Una sacerdotisa Totheal será lo mejor _ La cara de la noble era una mezcla de bochorno y furia. ¿Una prostituta de lujo? Eso necesitaba ella? Las sacerdotisas de  Totheal eran cortesanas reclamadas por varios lugares del imperio así como de otros reinos. Artistas, artesanas y muñecas de diamantes se las calificaba como la misma belleza del mundo. En el palacio esmeralda, extrañamente solo había 3 sacerdotisas de la diosa de la belleza. 




Una mujer con hábito rojo granate, les dio la bienvenida. El templo tenía una fuente principal con una estatua de la diosa lanzando besos a los tigres, dragones y tortugas a sus pies. Todas las fieras se inclinaban ante su belleza y descaro. Moira explicó que buscaban una novia para Lady Satine, alguien temporal para asistirle en el palacio esmeralda hasta que le asignan a una sacerdotisa de Cassia. La mujer asintió y marchó a buscar a las candidatas.
_NOVIA?!!_Grito Satine con enojo contenido. 
_Ah, si no lo sabias?_La miro sorprendida como si todo esto fuera normal_Asi se les nombra a las novicias de esta diosa, Novias sagradas. Creeme Satine esto es lo mejor, la corte es un lugar difícil. Sobre todo para una mujer de tus características _ La mirada significativa de la novicia hizo que la noble tornara su rostro de rojo iracundo a un rosado intenso._ La virtud es problemática, entendible para los que servimos a los dioses pero no para los nobles. Sospecharan cuando te niegues a ser activa en ciertas actividades y no podrás evitar_Suspiro y por poco ríe ante la expresión de bochorno de Satine.
_Como estas tan segura que yo no tengo experiencia?_Replicó con dureza. Le molestaba la expresión de lástima.
_Porque lo vi en el momento que uno de los guardias trataba de acercarse a su persona y lo que una noble experimentada podría manejar en 5 minutos a usted le tomó media hora_Contesto zanjando el asunto_ Y en cuanto a quien queres para enlazar tus manos, en este momento no es una prioridad. Ahora necesitas alguien que pueda prestar su conocimiento y su cuerpo a ganar tiempo para que ganes experiencia en donde no la tenes_Contesto con franqueza, el tiempo que pasó en el palacio esmeralda había sido útil para entender que la joven noble no estaba acostumbrada a las fiestas, banquetes y los entretenimientos nocturnos de la corte._La corte itinerante es totalmente diferente a la corte del palacio. El consejo de hierro y el de las flores son bandos que te conviene saber cómo manejar_Siguio mientras tomaba asiento en un diván.
_Lo sé _Contestó con sequedad. Mientras recordaba el episodio en la fuente y el príncipe convertido en juguete de la emperatriz _ La Marquesa Giska es una mujer particular, es como un cuervo que ataca ojos desprevenidos _
Sonrió con sorna_Un cuervo? No es tan sutil, tendrías que tener cuidado de la condesa Sabiha su mente no admite errores, quien se opone a su voluntad siempre termina besando los pies de Cassia._ Tomó un sorbo de vino, miró la copa pensando_Deberias aliarse con la condesa de Seshat, es próxima al territorio de tu padre. Por otro lado, el palacio en sí es un lugar con muchas trampas. El mayordomo del palacio Zorzal es flexible y es de gustos simples _La voz de Moira sonaba por momentos resignada, tal como sospechaba la novicia no deseaba servir en el palacio imperial. Algo que en la mente de Satine no podía entender, como una sacerdotisa de Cassia entrenada para permanecer al lado de los nobles con más rango, riquezas o poder, puesto que muchas darían su talento y su devoción. Para la novicia Moira parecía un castigo. 
La sacerdotiza de Totheal apareció con una sonrisa como quien va a presentar un banquete ante distinguidos invitados. Hizo un gesto con su mano y aparecieron varias chicas de bellezas diversas todas vestían con túnicas de tonos rojos o anaranjados, borgoña o rojos casi violetas. Moira las estudió con atención porque detrás de las jóvenes había varios muchachos de la edad de Satine, sus rostros eran bellos tanto que la noble no sabía si admirar sus rasgos o estar indignada por que esa orden también admitía novias que fueran hombres. 




_Ese_Dijo la novicia señalando a un joven que tenía ropas oscuras y aspecto descuidado. Su rostro era hermoso pero su expresión de fastidio arruinaba su imagen. Casi como si no quisiera ser elegido. 
La sacerdotisa roja apretó los labios con disgusto _ Velmor acércate _ Ordeno, mientras los demás se retiraron tan silenciosamente como aparecieron. El joven se acercó de mala gana mirándolas con arrogancia. Dio una vuelta sobre sí mismo como una parodia, Moira parecía entretenida con la rebeldía pero Lady Satine  solo podía sentir rechazo por aquel joven. De un momento a otro tanto la sacerdotisa como la novicia Moira los dejaron solos. 
Velmor y Satine se estudiaron en silencio, ambos no deseaban estar en esa situación incomoda. Sin embargo, la noble recordó cómo habían actuado las mujeres de la corte. De un momento a otro sacó una bolsa de monedas de oro y la puso en la mesa entre ellos dos. 

24 may 2021

Invierno en su corazón


Continuación de Lágrimas de luna amarilla

La carta que le había entregado Lady Satine se quemaba en la chimenea, mientras la emperatriz caminaba de un lado a otro. Como un animal enjaulado, quería escapar, el palacio la sofocaba. Una parte de ella, la racional, no le sorprendía el contenido de la carta pero su yo mujer era otra cosa. 

Quería gritar con todas sus fuerzas. ¿Podría ser que su corazón la traicionara de ese modo? Tenía al mundo a sus pies, era el sueño de su madre. Sin embargo, nada en ella se movía. Lo que antes ardía con vehemencia era cenizas en la lluvia. 

Es el vacío, que carcome mis pensamientos. Quema, como quema! pero tengo la mascara y no me la puedo sacar.

¿Vas a ver mis lágrimas? Vas a caminar sobre los espejos rotos y sangrar? Ser fuerte, ser de piedra y diamante, ¿cómo seguir fingiendo que no duele?

La joven quería gritar pero estaba en el palacio, mordió su antebrazo hasta que las lágrimas y la sangre se mezclaron. Sentía como si en lugar de su corazón tuviera un vacío ardiente. Elilsh, madre de los secretos, ayúdame a ocultar mi dolor. Rogó con vehemencia. 

Conteniendo sus lágrimas como podía, era inevitable. Como había sido tan ciega? ¿Cómo dejó su corazón a merced de un verdugo? Si pudiera arrancarme el corazón, si pudiera dejar de sentir, borrar cada sensación. Ahogarse en el río de oro para nunca regresar, que su nombre no sea el puñal de ternura. ¿Cómo sangra hasta el fondo de lo que quedaba de mi corazón, porque sigo llorando? ¿De quién son mis lágrimas?



En los desiertos pasillos del palacio esmeralda, Elis quería correr, huir de las emociones que la atormentaban.Vio la fuente del patio de invierno, la nieve caía suavemente dejando una capa blanca en la piedra. Camino descalza hacia el borde del espejo de agua congelado, las lágrimas no dejaban de caer como un río que se llevaba el maquillaje ceremonial de la monarca. El camisón como una bandera nivea se movía con la brisa invernal, en el agua el reflejo de una mujer con lágrimas negras era demasiado para Elis. Se arrojó al agua, el frío del agua mato su ensoñación romántica. No en vano la dinastía dominaba ese elemento. Como un amante celoso, el agua atrapó a la emperatriz que se debatía en luchar y dejarse ir. Por lo pronto, sentía el gélido beso del agua de la fuente, la relajaba como dormir frente a una hoguera. La hacía sentir segura, real y viva, profundamente viva.

 De un momento a otro sintió el tironeo hacia la superficie, un par de brazos ardían en su cintura, fuertes como cadenas de hierro fundido. Elis luchaba por desprenderse de ese abrazo mortal y salir de la fuente por sus propios medios. Hasta que una mano igual de ardiente apretó su cuello, haciéndola perder la conciencia.



El embajador de Thai-Shun vigilaba los alrededores, mientras el príncipe heredero Kanghui  sacaba de la fuente a una mujer que cayó en ella. El frío de esas tierras le era insoportable, a diferencia del heredero de su tierra, Mujina no tenía el dominio del fuego en él. 

_ Embajador Rápido!_ Ordenó el príncipe sacaba el cuerpo dormido de Elis del agua_ El camisón estaba pegado al cuerpo revelando todo, como una segunda piel. Kanghui estudiaba con un deleite secreto, era la primera vez que tenía un cuerpo de mujer a su disposición, recorrió los labios de la emperatriz, azulados por el frío. Se preguntaba qué sabor tenían ¿Sería dulce o salado como las lágrimas?. 

Sus dedos recorrían la fina línea de su mentón, para terminar en los labios que recobraron la vida poco a poco, mientras que su otra mano se mantenía en la cintura de la mujer rozaba con los dedos su pecho comprobando su suavidad. Lamió los labios de la desconocida y comenzó a besarle el cuello, podía sentir la calidez volvía a ese cuerpo. El perfume a madera de roble rojo y flores de azúcar le aturden los sentidos, quería probar más, quería llenarse de ese aroma. También sintió el agarre en sus partes privadas, la emperatriz había despertado en sus ojos estaban los abismos de Cassia, esperando a su próxima víctima. 

En una sola maniobra el príncipe estaba besando el piso de piedra helada y encima de él, a punto de quebrarle el brazo estaba Elis. Se debatía si destruirlo en ese momento o dejar que sus guardias lo torturaran. El embajador Mujina sentía que el aire abandonaba su cuerpo, reconocía el cabello blanco como la seda más pura y el rostro deformado por la furia, esa mujer era la emperatriz y su príncipe  estaba en el suelo por su osadía. ¿Como resistirse al exquisito placer de tocar el pelaje de un tigre, pese a la certeza de acabar bajo sus garras?. 




Como testigo de la escena estaba la marquesa Giska, a su lado Lady Satine sentía un sabor amargo en su boca. El embajador miró suplicante a la noble, pero esta se acercó a la fuente con una expresión de profundo desagrado. Parecía como una madre que se despertaba por el bullicio de sus hijos pequeños. El incidente diplomático podía escalar, y a ninguna de las partes le convenía, guerra, rebelión lo que faltaba era un conflicto por la imprudencia de un heredero de un aliado. 

Thai-Shun, era la tierra del lujo y la innovación. Su postura neutral ante el Imperio o la República libre de Zoblana, hacía de ese territorio sumamente próspero. La presencia del príncipe heredero Zhang de la dinastía del tigre, en el palacio era un intento de reforzar aquella alianza comercial. El joven Zhang apenas pasaba la mayoría de edad. Sin embargo, su padre lo había mandado a la capital imperial en calidad de testigo de la coronación de la nueva emperatriz. 

_Tenga piedad, Gran Emperatriz Elis_Dijo el embajador postrándose en el suelo donde el imprudente príncipe se retorcía con enojo, nadie había osado tocarlo de esa manera. Se puso a estudiar a la dichosa emperatriz. Era un poco vieja para su gusto pero sería una excelente princesa en su casa de las muñecas. _El Principe Zhang creía que salvaba a una mujer desvalida_La mirada de la emperatriz paso del embajador a su prima que mantenía una expresión de cansancio con diversión si eso era posible en el rostro de su responsable pariente. 

_Embajador_Llamo la marquesa evaluando la situacion ademas del silencio de su gobernante. Mientras Lady Satine buscaba a la sacerdotisa de la madre imperial, en el camino se aseguraba que no hubieran ojos curiosos a su alrededor._ Esta falta hacia la sagrada guardiana de nuestro imperio, tiene que ser pagada. El precio se mantendrá entre nosotros para ahorrar la angustia y la vergüenza a su monarca Tohiba_ 

Elis soltó al príncipe que se mantuvo sentado, mirándola con descaro._La quiero como concubina!_ Exigió a Mujina en su idioma natal_Padre puede pagarla, la quiero a ella_ La mirada horrorizada del embajador enmudeció al arrogante príncipe que poco sabía de lo que ocurría en el palacio esmeralda y sus juegos de poder. La emperatriz se puso la bata que su prima le tendía con evidente enojo ese escándalo sería difícil de manejar, pero era su trabajo y de Satine arreglar lo que su majestad imperial destruyó por omisión o desidia. 



El embajador susurró algo al príncipe que cambió su semblante de desafiante a claramente enojado. Aparecieron detrás de una arcada, Lady Satine y la novicia Beatrize. La sacerdotisa tenía la expresión de una tía severa, era la 4ta  novicia que servía a la madre de la emperatriz, experta en las mentes y sus laberintos, estudió la situación como un carnicero mide una pieza de vaca a fraccionar.

_Tu padre tuvo un harem, creo que deberías empezar el tuyo_Aconsejo Katerina mientras Lady Satine arreglaba el aspecto de la monarca, Elis apretó los labios _ Bueno no, un harem. Pongamosle séquito de entrenamiento, queda mucho mejor_ Continuó dándole indicaciones a Beatrize para que se acercaba hacia el príncipe heredero. 

El embajador encaró a la marquesa como quien está resignado de su destino_Entonses como explicaremos esto al acongojado padre del joven tigre?_ El principe apenas quiso levantarse la novicia apoyó sus dedos alrededor de su cabeza como una copa, el joven se mantuvo quieto con los ojos vacíos desprovistos de la chispa de desafío anterior. 

_Facil, su hijo tiene un lugar seguro en la corte imperial, más aún en el séquito de entrenamiento de la Luz del poder_Replico la marquesa Giska_ Que gobernante en su sano juicio rechazaría semejante oferta?_El embajador asintió inseguro sin atreverse a mirar como la magia de la sacerdotisa cambiaba la mente del heredero de su país, rompiendo su voluntad y dejando un juguete para el placer de la reciente emperatriz.

_ Dejale algo de rebeldía, pero que sea totalmente fiel _Pidió Elis. La novicia asintió sin dejar de trabajar. No le fue difícil manipular, sacar y poner conductas, sentimientos o gustos. Era evidente que el niño no tenía entrenamiento alguno para rechazar sus avances, pocos tenían la voluntad de romper las cadenas de sus hechizos. Al terminar, el orgulloso y díscolo príncipe  Zhang, seguía como un perro fiel a la emperatriz jugando con los mechones húmedos de pelo de su ama, tratando de llamar su atención. 


29 abr 2021

En el centro de la telaraña

 


Continuación de Todos los nudos pueden romperse

Doce carromatos de color verde oscuro ingresan a la capital imperial, en ellos esta el sello de la dinastia esmeralda. Nobles, guardias y sacerdotisas los ocupan, la corte itinerante llegó a su fin.

En las calles, los habitantes se amontonaban para ver la procesión de los carros a su destino final, el palacio. Las calles estaban animadas, el perfume de carne asada con jazmines anunciando la llegada de la Luz del poder se podía sentir en cada esquina, en cada hogar como el presagio de un reinado de paz y prosperidad. 

En el carro imperial, Satine supervisaba todos los detalles, el vestido de la emperatriz, las comandas imperiales y las cartas. La pierna mecánica chirriaba a modo de protesta, hacía días que la joven no le daba un mantenimiento correcto, apenas dormía o comía. Realmente extrañaba a la novicia Moria, suspiro con resignación, suponía que pronto podría delegar las numerosas responsabilidades que tenía. El dolor de la pierna era cada vez más molesto, caminaba arrastrándose de un lado a otro. A veces pensaba en su padre y madre, en el momento que decidieron cortar su pierna atrofiada y darle la maravilla mecánica del maestro del gremio de su ciudad. Tanto querían a sus hijas sin defectos y lo lograron. La emperatriz fumaba su pipa, mientras leía una de las cartas de la Marquesa Giska. Podía distinguir su caligrafía holgada y con tachones, su sacerdotisa no estaba con ella. Miro las calles de la capital, en un momento se sintió enferma, agotada y extrañamente extrañaba su hogar. Una melancolia inutil para sus estándares, nada la esperaba en la mansión Soleil. Pero sin embargo, extrañaba a sus hermanas. 

Uno de los guardias aviso que pronto llegaron a la entrada del palacio principal, allí esperaban la corte y la madre de la emperatriz, las pocas damas de compañía terminaban con los preparativos, mientras la Luz del poder apagaba su pipa con tranquilidad. Desde la llegada de la fatídica carta de las sacerdotisas de Thassa esta estaba de un humor frío y sosegado. Por esa razón Satine se mantenía alerta ante cualquier cosa.




La joven noble sabía que debía hablar con su majestad por su futuro, permanecer en el palacio esmeralda era su objetivo, un lugar entre los miembros del consejo de las flores el sueño que la mantenía cada noche sonriendo. _ Alteza _Se inclinó levemente_Se que pronto la corte itinerante terminara, por eso queria_Satine enmudeció cuando Elis levantó su mano izquierda, sus ojos mostraban una franca molestia como quien ya sabe la pregunta y la respuesta es indiscutible. El frío metal de su pierna la mantenía en pie consciente, como esperando el golpe. Mientras que su mente pensaba, los mil y un caminos: Los buenos, los malos y los peores. Siempre de pie, siempre consciente de que un paso equivalen a mil y una palabra a un corte de espada. 

_Cuanto es suficiente, Lady Satine?_Pregunto de manera curiosa, sin esperar la respuesta continuo_Siempre me pregunté qué motiva a los nobles a quedarse en la corte, pregunta estupida que me hacía a los 12 años. Hasta que mi madre me mostró de lo que eran capaces si no los manteniamos en la capital. A nuestro alcance._Esas palabras tenían un tinte amargo. Mientras que Satine escuchaba con atención, cada palabra valía oro y si era de la emperatriz mucho más.

_Podes quedarte como mi dama de compañia como regalo por los momentos vividos en el viaje_Sonrio mordazmente, ante la mirada agridulce de la joven. Los recuerdos de esa experiencia estaban teñidos de un gran desencanto hacia la dinastía_ Sin embargo, para tener un lugar en el palacio. Vas a tener que ganarte a mucha gente, sobre todo a quienes manejan el consejo de las flores_Aclaro como quien explica a un infante  que el fuego no se puede tocar porque quema_Mis primas, la marquesa Giska y la condesa Sabiha de Rafiq son quienes tienen mi confianza con las flores. Otra cosa, deberías hablar con la novicia Moira y pedirle que te aconseje por una sacerdotisa personal. Ese es mi otro regalo por tus servicios, Lady Satine_ La Luz del poder había hablado, su generosidad la impactó de manera que su rostro quedó congelado entre la sorpresa y el pánico. Un regalo tan grande que Satine sentía un peso angustiante en el pecho. Era ese un regalo? O realmente podría cumplir tan elusivo sueño? Los ojos verdosos de la emperatriz carecían de brillo, parecían los de una muñeca antigua y costosa. 

_Le agradezco su infinita generosidad, Gran Luz del poder_Contesto con la boca seca. Algo en ella le decía que esa gran recompensa tenía una ponzoña oculta pero, no podía dejar pasar esa oportunidad._Pero servirla a usted es mi gran recompensa, estar al servicio de su majestad debería estar en manos más capaces que las mias_ Satine sentía el peso de la mirada de reprobación de su emperatriz. Estaba rechazando sus regalos pero a la vez recalcaba su importancia, un juego de palabras y diplomacia que debía participar. 

Podía ver las manos de Elis moverse como garras, como si pudiera estrangular a la noble que tenía enfrente_Como tu emperatriz, te ordeno que tengas una sacerdotisa personal_ Contestó de manera tal que no pudiera replicar. Un silencio incomodo se mantuvo en el carromato mientras entraban en la plaza principal enfrente de la entrada principal del palacio, la mirada temerosa pero determinada de la joven Soleil pasaba de las manos de su soberana a sus pies. 

Uno de los guardias anunció que llegaron a la escalinata esmeralda, le entregó un par de cartas a una Satine en trance como quien experimenta el horror de la batalla pero todavía no puede entender lo que vio realmente. La mayoría de las comandas no eran urgentes, pero una tenía el sello de Cassia y la letra apretada de Moira. 


Las puertas del carruaje se abrieron y ante ella se encontraba la armada carmesí haciendo una muralla protectora en las escalinatas que llevan a la enorme puerta principal del palacio. A la cabeza de la caravana se encontraba la Emperatriz a 3 escalones más abajo las damas de compañia,  Lady Satine y los guardias personales de los carruajes. Por último los nobles, por rango y cercanía con la dinastía. Solo podían escucharse los pasos de la corte itinerante sobre la piedra ancestral de la escalinata. El pueblo observaba la procesión con un silencio sepulcral casi como un presagio de la desgracia. La guerra, la rebelión y el miedo hacían de este regreso uno fatídico. En la entrada estaba la madre de la Emperatriz, a su derecha los miembros del Consejo de Hierro y a su izquierda el Consejo de las flores. 




Sentada en el trono esmeralda Ophelya se movía ansiosa, conteniendo sus ganas de correr a la búsqueda de su pequeña Luz dorada.   

La marquesa Giska observaba callada la entrada, su prima la condesa  Sabiha mantenían su posturas imparciales junto al consejo de las flores, mientras que pegados al trono estaban los príncipes Zulficar y Beltran. El primero en recibir a la emperatriz fue el Mayordomo de palacio, Zorzal que le entregó las llaves del mismo como lo indica el ritual. La monarca tomó las llaves en una expresión de alivio, tal vez arrepentimiento. La corona y su peso la esperaban, su madre se dirigió hacia ella con su rostro transformado que pasó de la impaciencia al horror. El estruendo de las puertas del palacio abriéndose taparon el grito de la madre imperial, esta había intentado atacar a su propia hija.

Elis la abrazó con fuerza, inmovilizandola, mientras la sacerdotisa personal de su madre la dormía con su magia. El corte en su mejilla quemaba, el rostro pálido de Ophelya  sedado y la verdad innegable de su ataque quebró a la Luz del Poder. Las lagrimas caian sin poder evitarlo, Lady Satine puso el velo amarillo sobre su Majestad casi como un manto divino. 

Con lágrimas y sangre empezaba el gobierno de Elis de Azzel, 16 Emperatriz de la dinastía Esmeralda, también llamada: “La portadora de la Luz”.


Continua en Invierno en su corazón



8 abr 2021

Lágrimas de luna amarilla


 El ciclo del cangrejo transcurría de manera pacífica, los adivinos y las sacerdotisas coincidían que era un ciclo para oficiar la tolerancia y la concordia. 

En Titania, Morthyth se encontraba agitada, al anochecer se comenzó con la celebración de la Luna amarilla. El ritual era llevado a cabo en el templo principal de la ciudad, los ciudadanos se encontraban agotados, los rumores de guerra y rebelión comenzaban a afectar a los cuatro caminos del Imperio. El clima era inestable, el sol quemaba y el viento provocaba tormentas de arena haciendo que se detuviera el tiempo en las ciudades más cercanas al Desierto de las danzarinas de Tsillah, la diosa de los vientos. 

La lluvia fue una sorpresa, todo el día llovió de manera constante. De manera violenta y después como un leve rocío y nuevamente retomo con fuerza. Tomado como una bendición de la madre Cassia, todas las sacerdotisas de la ciudad acudieron al templo. 

Pese a las protestas de su señor, Akrasia de Ymir salió de la fortaleza para cumplir con sus deberes para la orden. Esta vestía un velo verde amarillento bordado en él, estaba el escudo del Duque de Morthyth. Caminaba con la seguridad del dueño del territorio, sus novicias la seguían de cerca como las damas de compañía de una lady. 

En la plaza principal, entre la multitud siete pares de pies se movían seguros, como un cazador acechando una presa. Velos azules, verdes y uno que otro negro se juntaban en la entrada del templo solo las devotas podian entrar y realizar los rituales. Para luego salir a repartir las bendiciones de Cassia y su hija Tsillah.


El cielo oscuro por las nubes de la tormenta que no dejaban ver la luna amarillenta, un relámpago iluminó la entrada del templo, las palabras de Cassia talladas en el arco de piedra: Sacris manus suas filiabus sororibus fidelium. Al entrar al templo, Akrasia podía ver que el arco estaba quebrado en varias partes, producto del tiempo y el clima, llegando al altar sentía los ojos del centenar de mujeres reunidas ahí. 

Este templo en particular, tenía gradas de piedra circular que desembocan en el altar principal. Sin embargo, tiene 4 caminos alternativos para subir y bajar por ellas. La luz de las velas y las antorchas creaban una ilusión de calidez. La lluvia había dejado a la mayoría de las sacerdotisas con  sus hábitos húmedos, goteando dejando un rastro de agua por las gradas. El altar estaba decorado con una estatua de 12 metros de piedra caliza de Tsillah, las cortinas detrás de ella, color ámbar ocultaban la pintura de Cassia. En la mesa ceremonial estaban las ofrendas, vinos, puñales dorados y inmensos telares de color naranja, bordados con diamantes y oro. 




El canto de las mujeres era un murmullo como el viento previo a la tormenta, el presagio de un desastre imposible de evitar. En sus largos años en la orden, Akrasia sentía un temor que la obligaba a mirar por encima de su hombro. Años de servicio a la diosa, pesaban en su mente. El imperio no era esencial para la orden, la dinastía esmeralda se desvanecía en cada generación de emperadores dementes y ociosos. Lejos quedaban los días de expansión. Además, el gremio ganaba fuerza en la República libre. La mente de la sacerdotisa se repetía una y otra vez, las razones por las que colaboraba con el Duque de Morthyth. Tal vez, la razón más poderosa es que la tierra del desierto era su hogar y ese amor era más grande que su devoción al Imperio y a la orden juntos. Su gente prosperaba pero no era libre de los hilos del imperio. 

Las luces se apagaron y solo quedó el fuego de la hoguera central. Como sacerdotisa principal del duque de la ciudad, le tocaba oficiar el ritual de entrega de ofrendas y santificarse a Cassia. Se acercó al altar acompañada por las sacerdotisas principales de cada templo asignado, estas tenían capuchas que mantienen sus rostros cubiertos. 

Tal vez tantos meses encerrada en la fortaleza de su protector la habían afectado. La estatua tenía un aspecto siniestro casi como si sintiera la mirada colérica de la diosa en ella. 

Sintió un ardor en las manos, mientras acomodaba las ofrendas un vestido naranja que tenía un bordado de diamantes y ámbar, formaban una orquídea león. Esa flor se caracterizaba por ser el ingrediente principal de ciertos preparados en la orden. La sacerdotisa recordaba que solo un grupo selecto podía crear aquellas pociones heréticas. Su frente sudaba así como su cuerpo trató de calmarse, frotó sus mejillas tratando concentrarse en el ritual pero el sofoco empeoro, su cuerpo se negaba a seguir y la única luz se apagó, así como su conciencia


En las puertas del templo, tres mujeres de la nobleza de Morthyth supervisan que las sacerdotisas salieran sin mirar atrás. El interior del templo se encontraba en penumbras, solo los relámpagos y truenos iluminaban su interior.

Frente al altar de la diosa, el cuerpo inerte de Akrasia era acomodado por otras tres encapuchadas. Boca arriba y con los ojos fuertemente cerrados, parecía dormida. Las otras mujeres se encargaban de que no las vieran, según sus cálculos tenían 10 minutos o menos.



La séptima mujer se sacó la capucha, mientras se inclinaba hacia el cuerpo. La expresión de profundo aburrimiento mezclada con impaciencia le daban un semblante funesto a la novicia Moira. Su túnica negra se encontraba empapada por la lluvia, así como el pequeño bolso que se mantenía oculto en los pliegues de su capa. Se sentó enfrente al cuerpo, que comenzaba a retorcerse al parecer el veneno no terminaba de llevarse la vida de la mujer. Moira chasqueo la lengua con desdén, quería comenzar pronto con el trabajo, sacó del bolso 3 frascos diferentes, un punzón plateado, una barra de cera violeta y dos retazos de tela negra que llevaba clavadas innumerables agujas. Se puso a acomodar  los elementos con tranquilidad mientras Akrasia luchaba contra el veneno, abrió los ojos y se encontró con la mirada indiferente de la joven. Las sacerdotisas que vigilaban el altar se mantenían expectantes, ante lo que iba a ocurrir. La muerte de la mano derecha del Duque ocurrió de manera abrupta, la expresión de ira y horror quedó plasmada en su rostro. Moira, comenzó el ritual. 

Primero unto el punzón con el contenido de uno de los frascos, el olor a solvente hizo que sus acompañantes mantuvieran su vista en el cadáver y la joven, era la primera vez en sus vidas que presenciaban a un necromancer trabajar. Desde la segunda expansión que estos se mantenían ocultos e inactivos según la directiva de la dinastía. Mientras Moira, trazaba símbolos por el pecho, brazos y frente del cuerpo, afuera la tormenta empezaba a desaparecer. Enterró las agujas en la piel haciéndolas imperceptibles al ojo distraído, así como los símbolos violetas que marcaban el pecho y el rostro de la mujer. El perfume combinado de los ungüentos,  parecido a grasa animal y sal marina, se mezclaba con el de las velas sagradas del templo. 

La sacerdotisa personal de la Emperatriz mantenía una expresión concentrada pero llena de satisfacción, así como un niño disfruta de un dulce después de un largo día de no probar uno. Las mujeres se sentían incómodas, algo en ese ritual las molestaba como si estuvieran corrompiendo el templo de la hija de Cassia. Una de las nobles  se acercó al altar esperando los resultados de aquella misión.

Moira, susurro unas palabras dentro de la boca del cuerpo y cerró sus ojos. Con una sonrisa acomodo el escote de esta, presionó la frente de la muerta y esta abrió los ojos. La joven admiro su trabajo, era una de sus mejores muñecas. La ayudó a incorporarse mientras veía sin ver a su nueva ama, la noble.



La mujer noble, rival de Hyperion de Marat, observaba al cadáver animado de su enemigo. Sonrió con perversión, su madre contaba la historia de las muñecas mortuorias de la orden de Cassia. Esa era la llave para la destrucción del poder del Duque de Mothyth. Moira le explicó que solo podía utilizarla medio ciclo ya que luego la carne se pudriría y el hechizo sería inestable para sus fines. 

La luz de la luna iluminaba a las mujeres en el portal del templo, las ocho se internaron en la ciudad perdiéndose en las sombras de esta. La novicia Moria leía una carta que le había sacado al cadáver, sintió un ligero disgusto y pensó fugazmente destruirla para ahorrarle una pena más a la Luz del poder. Pero la guardo, nadie puede escapar al dolor, ni siquiera la amada hija de su maestra. 


Continua en La palabra de un noble


18 mar 2021

La cadena quebrada



Querida Elis, 

¿Puedes recordar nuestro verano? Yo sí, también recuerdo el veneno de la corte y tu hielo, Soltaste mis manos y las entregaste a otra. Ese es tu amor? Será que la que entregaste tu corazón a cambio del trono de jade. 

Tomaste mi voluntad, mi soberana. Yo lo di todo, mis manos, mi corazón incluso mi tierra, por más insignificante que sea. Comparado con el Imperio. Nada fue suficiente para La luz del poder. 

Sangre dias por tu mirada, mi flor de hielo. En las vísperas de mi noche nupcial, solo tu nombre podía invocar. Asi como todo termino, algo que nunca debió existir. 

Se que la guerra con el Reino de Mantor es el sueño del fuego de Silas. Sin embargo, te pido como quien alguna vez compartió la copa y descanso, no  marches sobre las heladas estepas de ese reino de sombras y nieve. Que el poderío de la armada Carmesí proteja a nuestro amado Imperio de sus enemigos.

   

                                                                                            Alaistar,  Conde de Belial


Satine terminó de leer la carta, el tono de su voz había sido lo más neutral que pudo, pero el leve desdén se filtró. Su mirada se mantenía en un punto alejado, lo más posible del sillón donde se encontraba la emperatriz fumando. El romance y las penas de amor, le eran ajenas. Pero se mantuvo callada, ante la mirada expectante de la novicia Moira que estaba en el escritorio redactando las comandas imperiales. El olor a tinta y cobre era el perfume habitual en ella. 

Los informes de todos los puntos del Imperio se encontraban desparramados en el suelo, así como varias cartas, mapas y borradores de tratados comerciales. El carromato imperial se encontraba en un estado caótico y decadente. Los vestidos estaban arrugados y apilados como una montaña multicolor en la cama imperial. La luz amarillenta que se filtraba de las ventanas, apenas iluminaba a las mujeres. 

El sonido de un chasquido de una de las ventanas hizo que la sacerdotisa se levantara con prisa y la abriera, le entregaron una pila de cartas y comandas. Era pequeña a comparación con las recibidas, en el escritorio se dedicó a mirarlas rápidamente para clasificarlas. Dos estaban selladas con magia, el sello del ojo semicerrado y el otro una lágrima con una estrella de 5 puntas. Quito los sellos y se las entrego a la emperatriz con temor _Luz del Poder_Su voz respetuosa_ Las lágrimas derramadas se convertirán en la espada que eliminara a sus enemigos_

Satine caminaba de un lado a otro, nerviosa. ¿Eran buenas noticias? se preguntaba. La emperatriz le tendió una carta para que la leyera en voz alta. El sello de la lágrima le era familiar pero no lograba recordarlo. 




Al escriba del palacio esmeralda,


    El matrimonio del Conde de Belial y Nazneen de Moriah se llevó a cabo en el ciclo del Escorpión. La noche de bodas se extendió 3 días, en los cuales los novios no salieron de la habitación. La nueva condesa está esperando el heredero de ambos. 

Siguiendo sus órdenes, se realizó la vigilancia a Hyperion de Marat, Duque de Morthyth, Bastian de Febe, Duque de Belial y a la sacerdotisa Akrasia de Ymir, novicia personal del Duque de Morthyth. 

Se confirman las sospechas de una intriga contra el imperio, los cargamentos de armas de Belial que supuestamente fueron “saqueados” por piratas, se encuentran en la capital de la ciudad -estado de Morthyth, Titania. 

Adjuntamos las cartas y el sello de los nobles que confirman la autenticidad de las mismas.


                                                                                Que el río lo lleve a los pies de Thassa. 


Tanto Moira como Satine miraban la expresión de alegría y alivio de su gobernante, la primera después de tantos meses de tristeza e ira. Eso las perturbaba mucho más, eran las peores noticias. Traición, intriga y una posible pérdida de dos ciudades- estado. Pero la Luz del poder, sonreía mientras apagaba su pipa. 

_Ya descanse lo suficiente _Declaró mientras se ataba el cabello de manera descuidada_Ahora podremos ponerle un punto final a la rebelión_



Continua en En el centro de la telaraña

y en Lágrimas de luna amarilla